El 12 de julio de 1997, ante la inacción del Gobierno vasco, Txapote fusiló Miguel Ángel, dejando el cuerpo en una floresta. El concejal fue encontrado aún con vida 40 minutos después del fusilamiento por dos transeúntes, siendo de inmediato llevado al hospital más cercano. Sin embargo, entró en un profundo coma neurológico que, inevitablemente, llevó a su fallecimiento.
ETA cometió, al cumplir su ultimátum, un de los crímenes más brutales de que hay registro en su historial.
Los españoles se reunirán y protestaran en contra la acción de ETA por toda parte. Se inició una ola de manifestaciones, que tuvo origen en Ermua, pueblo donde Miguel Ángel vivía, el cual exigía la liberación del concejal.
El símbolo de la liberación se convirtió en un lazo azul pues fue este el objeto utilizado para representarla en Barcelona el 11 de julio.
El rencor generado por la consecución del asesinato condujo a la institución del llamado espíritu de Ermua, un importante órgano social contra el terrorismo que presiona al Gobierno para no cooperar con ETA.