UN SIGLO DE HISTORIA DEL MERCADO DE VALORES
1948 y 1972. En el primer año las acciones generaban un resultado del
doble que el de las obligaciones; en la actualidad las obligaciones arrojan
un resultado del doble o más, que las acciones.
Nuestra última valoración es que la desfavorable variación en la
relación entre el rendimiento de las acciones y el rendimiento de las
obligaciones compensa por completo la mejora de la relación de precio a
ganancias de finales de 1971, atendiendo a las cifras de ganancias trienales.
Por lo tanto, nuestra opinión sobre el nivel de mercado de principios de
1972 tendería a ser la misma que la de hace siete años, es decir, que no es
atractivo desde el punto de vista de la inversión conservadora. (Esta
afirmación sería aplicable a la mayor parte de la gama de precios que
alcanzó el DJIA durante 1971: entre, por ejemplo, 800 y 950).
En términos de oscilaciones históricas de mercado, la imagen de
1971 seguiría dando la impresión de que corresponde-a una recuperación
irregular en relación con la tremenda recesión sufrida en 1969-1970. En el
pasado estas recuperaciones han sido la antesala de una nueva etapa del
período alcista recurrente y persistente que comenzó en 1949. (Ésta era la
expectación que existía en términos generales en Wall Street durante 1971).
Después de la terrible experiencia sufrida por los compradores públicos de
ofertas de acciones de baja calificación en el ciclo 1968-1970, es
demasiado pronto (en 1971) para animarse a dar otra vuelta en el tiovivo de
las nuevas emisiones. Por lo tanto, ese fiable síntoma de peligro inminente
en el mercado se echa en falta en la actualidad al igual que se echaba en
falta en el nivel de 892 del DJIA en noviembre de 1964 que analizamos en
nuestra edición anterior. Técnicamente, por lo tanto, podría dar la
impresión de que la perspectiva apuntaría a otra subida sustancial muy por
encima del nivel del 900 en el DJIA antes de que se produjese la siguiente
recesión o colapso en serio. En cualquier caso, no podemos dejar ahí esa
cuestión, aunque tal vez deberíamos hacerlo. Para nosotros, el desinterés
que mostró el mercado a principios de 1971 por las negativas experiencias
que se habían sufrido menos de un año antes es una señal inquietante.
¿Puede quedar sin castigo una despreocupación de ese calibre? Tenemos la
impresión de que el inversor debería prepararse para una época difícil, tal
vez en forma de una rápida repetición del declive de 1969-1970, o tal vez
en forma de otra racha alcista en el mercado seguida por un colapso aún
más catastrófico.3
Qué curso de actuación se debe seguir
Vuelva a leer lo que dijimos en la última edición, que se reproduce
en las páginas 94-95. Ésta es nuestra impresión al mismo nivel de precio,
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