EL INVERSOR INTELIGENTE
misma manera que no hay ningún motivo por el que no pueda usted
gestionar su propia cartera, tampoco hay ninguna razón para avergonzarse
de buscar ayuda profesional para gestionarla.1
¿Qué le puede indicar que necesita ayuda? A continuación indicamos
algunas señales:
Grandes pérdidas. Si su cartera perdió más del 40% de su valor
desde el principio de 2000 hasta finales de 2002, cosechó unos resultados
aún peores que los propios catastróficos resultados del mercado. No tiene
ninguna importancia que sus pérdidas se debiesen a que se mostrase usted
indolente, despreocupado o simplemente desafortunado; después de una
pérdida tan monstruosa, su cartera está pidiendo ayuda a gritos.
Presupuestos desquiciados. Si tiene que hacer constantemente juegos
malabares para llegar a fin de mes, no tiene ni idea de en qué gasta el
dinero, le resulta imposible ahorrar de manera periódica, o le resulta
permanentemente imposible pagar sus facturas puntualmente, sus finanzas
están descontroladas. Un asesor le puede ayudar a controlar su dinero
elaborando un plan financiero exhaustivo que indique de qué manera, y
cuánto, debe usted gastar, ahorrar, tomar prestado e invertir.
Carteras caóticas. Demasiados inversores pensaron que estaban
diversificados a finales de la década de 1990 porque tenían acciones de 39
empresas «diferentes» de Internet, o siete fondos de acciones de empresas
en crecimiento estadounidenses «diferentes». Sin embargo, eso es lo mismo
que pensar que un coro compuesto exclusivamente por sopranos puede
cantar «Old Man River» mejor que una soprano solista. Por muchas
sopranos que añadamos, el coro nunca será capaz de llegar a esas notas
bajas, salvo que incorpore a algún barítono al grupo. De la misma manera,
si todas sus participaciones suben y bajan al unísono, carecerá de la
armonía de inversión que aporta la verdadera diversificación. Un plan
profesional de «asignación de activos» le será útil.
Cambios importantes. Si trabaja usted por cuenta propia y necesita
organizar un plan de jubilación, si sus padres están envejeciendo y no
tienen unas finanzas bien organizadas, o si la universidad de sus hijos
parece imposible de pagar, un asesor no sólo le aportará tranquilidad, sino
que le ayudará a mejorar de verdad su calidad de vida. Además, un
profesional preparado puede asegurarse de que se beneficie y de que
cumpla con la imponente complejidad derivada del derecho tributario y de
las normas que rigen la jubilación.
1
Si desea una exposición especialmente detallada de estas cuestiones, consulte Walter Updegrave,
«Advice on Advice», Money, enero de 2003, págs. 53-55.
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