inversiones inteligentes 1 | Page 147

Comentario al capítulo 5 La felicidad humana no es producto tanto de grandes golpes de buena suerte que rara vez ocurren, sino de las pequeñas ventajas que tienen lugar todos los días. Benjamín Franklin La mejor defensa es un buen ataque Después de la sarracina que se ha producido en el mercado de valores en los últimos años, ¿por qué iba a querer ningún inversor defensivo poner un solo euro en acciones? En primer lugar, recuerde la insistencia de Graham en que el grado hasta el cual se debe ser defensivo depende menos de la tolerancia hacia el riesgo que del deseo de dedicar tiempo y dinero a su cartera. Si se aborda de la manera adecuada, invertir en acciones es tan sencillo como dejar el dinero en obligaciones y en metálico. (Como veremos en el capítulo 9, se puede comprar un fondo referenciado a un índice del mercado de valores sin más esfuerzo que el que se necesita para vestirse por la mañana). Como consecuencia del período bajista de mercado que comenzó en el año 2000, es comprensible que se sienta escaldado y, a su vez, que ese sentimiento le lleve a determinar que no va a volver a comprar otra acción en su vida. Como dice el refrán, «el gato escaldado del agua fría huye». Como la crisis de 2000-2002 fue tan terrible muchos inversores consideran en la actualidad que las acciones son instrumentos extraordinariamente arriesgados; sin embargo, paradójicamente, el propio hecho de entrar en crisis ha eliminado buena parte del riesgo del mercado de valores. Antes era agua hirviendo, pero ahora es agua a temperatura ambiente. .Enfocada desde un punto de vista lógico, la decisión sobre poseer o no poseer acciones en la actualidad no tiene nada que ver con la cantidad de dinero que se haya perdido con las acciones hace unos pocos años. Cuando las acciones tienen un precio suficientemente razonable para generar crecimiento en el futuro, conviene tener acciones, con independencia de las pérdidas que puedan haber ocasionado en los últimos años. Esto es aún más cierto cuando los rendimientos de las obligaciones son bajos y, por tanto, reducen la rentabilidad futura de las inversiones en renta fija. 149