Inteligencia artificial, con todo por avanzar Abril 2026 | Page 73

Mientras la capacidad técnica de la Inteligencia Artificial crece a un ritmo exponencial, una gran parte de las organizaciones, sean las grandes corporaciones globales como las empresas locales, parecen haber caído en un estado de estupefacción estratégica. Este fenómeno, que podemos identificar como “parálisis por análisis”, no nace de una carencia tecnológica, sino de una profunda confusión en la interpretación de los datos que miden el éxito de estas implementaciones.

Un estudio del MIT afirma que el 95% de las inversiones en IA no tienen retorno. Sin embargo, esta es una lectura errónea y superficial de la realidad. Lo que el estudio del MIT realmente señala es que el 95% de las inversiones en IA no tienen un retorno medido, porque se está definiendo quiénes ganarán la carrera de la competitividad.

Muchas empresas se autodenominan “pioneras” simplemente por haber adquirido licencias masivas de herramientas como Chat GPT, Gemini, Claude o Copilot. El problema radica en que están tratando estas herramientas bajo la misma lógica con la que gestionan el correo electrónico o WhatsApp: como servicios esenciales cuya utilidad se asume, pero cuyo impacto en la última línea del balance no se cuantifica rigurosamente.

Al no existir métricas claras sobre la mejora en la calidad del trabajo o la eficiencia de los equipos, los directivos terminan dudando del valor real de la inversión. Ante la duda y frente a un escenario que cambia a velocidad de vértigo, muchas organizaciones optan por la inacción, postergando movimientos estratégicos vitales aun sabiendo que el costo de no hacer nada será altísimo en el corto plazo.

Pioneros vs. experimentadores

La diferencia es la integración de la IA en el núcleo del negocio con métricas concretas. Mientras que los experimentadores se quedan atrapados en pilotos aislados y carentes de accountability, las empresas líderes priorizan casos de uso por su impacto y rediseñan sus procesos operativos para que la IA sea un componente estructural. Para estas organizaciones, el beneficio económico se traduce en menos horas manuales, ciclos de trabajo más cortos, una estructura mucho más escalable y una conversión comercial superior.

A nivel regional, en Argentina y América Latina, nos enfrentamos a barreras estructurales específicas que dificultan esta transición. El primer gran obstáculo es el talento: aunque el nivel técnico en nuestro país es excepcionalmente alto, el personal especializado es escaso, costoso y objeto de una disputa global. El segundo es la infraestructura de datos: es imposible entrenar o implementar un modelo eficiente sobre silos de información desordenada o incompleta. Finalmente, nos topamos con una cultura de medición aún inmadura; muchas de nuestras organizaciones operan bajo criterios informales, cuando la IA exige una disciplina de procesos y métricas claras.

A menudo se argumenta que el presupuesto es la barrera, pero la realidad es que el costo de la tecnología ha bajado drásticamente; el verdadero costo reside en cambiar la forma en que trabajamos.

A pesar de esto, el retorno de inversión más inmediato ya es visible en sectores con alto volumen de interacción, como el retail, el consumo masivo, el e-commerce y el área comercial de la salud. Un ejemplo internacional contundente es el de Reddit, que mediante la implementación de agentes de IA redujo el tiempo de resolución en ciertos flujos de soporte en un 84%, pasando de casi 9 minutos a poco más de un minuto por consulta.

La IA acelera la investigación y la creación de versiones iniciales, permitiendo que el humano se concentre en lo más valioso: el criterio, la validación y la toma de decisiones finales. Como solemos decir: la IA acelera, el equipo decide.

Sin embargo, este avance debe ir acompañado de una responsabilidad técnica y ética. De los 800 millones de usuarios de OpenAI reportados recientemente, sólo el 5% utiliza licencias que garantizan la privacidad de la información. El 95% restante está alimentando modelos públicos con estrategias, contratos y datos confidenciales, lo que representa una amenaza estratégica severa.

Para las pymes el mensaje es de esperanza, pero también de urgencia. Hoy, una pequeña empresa de cinco personas puede operar con la eficiencia de una de veinte si tiene la velocidad necesaria para bajar la IA a procesos concretos. La ventaja competitiva ya no depende solo del tamaño del presupuesto, sino de la agilidad para ejecutar y medir.

Hacia adelante, la competencia más valorada en el liderazgo no será saber programar, sino tener criterio para evaluar los resultados. Debemos superar el espejismo de los estudios mal interpretados y la parálisis que estos generan.

La IA ya no es una opción de laboratorio, es el motor de la productividad moderna. Aquellos que se atrevan a medir lo que hoy parece invisible, serán quienes lideren el mercado de mañana.

(*) Co-Founder y CEO de The App Master

El costo de no hacer, basado en las dificultades para medir resultados, está hipotecando el futuro corporativo. El impacto en Latinoamérica.

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