Informe 2018 Informe de resultados de la Evaluación de la Prest | Page 126
Por otra parte, no se puede dejar de lado la capacitación continua de los equipos de salud.
Como primer paso a este respecto, se debe realizar la actualización de la guía para la detección,
diagnóstico y tratamiento de la hipertensión arterial que data del 2009. En los últimos años el
abordaje clínico y terapéutico ha cambiado, al igual que las cifras meta de presión arterial. El
mantener información desactualizada induce a error al personal de salud, limitando la calidad
de la atención a las personas.
Por otro lado, hay que mejorar el registro de las personas con hipertensión, con el fin de
establecer en forma más certera y automatizada (mediante el EDUS) la verdadera cantidad de
personas atendidas por HTA. Esto se puede lograr estandarizando el código diagnóstico I10x
de la CIE-10 para las atenciones por HTA en la consulta médica.
A nivel de los centros de salud, los encargados de verificar la calidad de la atención que brinda
el personal de salud, deben insistir en la importancia de realizar la toma de presión arterial con
la técnica correcta y su adecuado registro en el expediente médico.
A nivel de las direcciones regionales, como el ente de control más cercano a los centros que
brindan la atención en salud, se debe procurar la realización de monitoreos continuos en las
áreas de salud, de manera que se puedan hacer las correcciones pertinentes y con la mayor
celeridad posible.
Como apoyo a este proceso, la Dirección Compra de Servicios de Salud (DCSS) efectuará un
monitoreo del indicador de control óptimo de presión arterial de los primeros seis meses del
año, y sus resultados serán accesibles para las regiones y áreas de salud, como una manera
de brindar información oportuna para la toma de decisiones.
En esta misma línea, se deben instaurar planes remediales de corto y mediano plazo para las
áreas de salud con resultados limitados, tanto en cobertura como en control óptimo de presión
arterial. Por otra parte, las áreas de salud que presentan una baja proporción de personas
atendidas con cifras de presión arterial controlada deben ser consideradas como prioritarias,
por lo que ameritan un mayor control y supervisión, así como apoyo para solventar las limitantes
que se pudieran identificar, para mejorar sus resultados.
De continuar estas condiciones, se aumenta el riesgo cardiovascular y se reduce la posibilidad
de ejecutar acciones preventivas en estas poblaciones. Con esto disminuye la calidad de vida
y aumentan los años de vida potencialmente perdidos; con el consecuente impacto económico
en la productividad y el incremento en los gastos en salud para hacer frente a las complicaciones
y las secuelas de esta enfermedad.
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