Esta otra piedad no sé porque pero siento tristeza cuando veo estas esculturas de piedad hermoso, triste diferentes sentimientos Las últimas décadas de la vida de Miguel Angel fueron época de crisis en la península itálica. La inestabilidad creció de forma considerable y los problemas religiosos no hacían más que comentar. También se dicho que el propio artista estuvo sujeto a fuertes crisis en el marco de una piedad cada vez más exaltada, que algunos historiadores califican de jesuíticas por su estrecha amistad con Victoria colona. Cabe pensar que estos fenómenos, generales y personales, afectaron a su actividad artística y a su obra misma, pero desde luego no lo hicieron por el simple camino de la intensidad, ni tampoco estuviera un reflejo directo, mecánico, en escultura y pinturas.Sus imágenes no fueron más piadosas ahora que antes, pero si fueron distintas. Si comparamos la piedad platicando con las dos grandes de este último periodo, la piedad del Duomo y la ya comentada piedad ronda ni ni, podemos darnos cuenta del camino recorrido. La serenidad de aquella dado paso a un enfático patetismo en la piedad del Duomo y una atmósfera inquietante en la ronda nini. Una tercera que realizó durante este tiempo, la piedad de palés divina sobre cuya completa atribución a Miguel Angel existen dudas y refuerza también ese sentimiento enfático,Refleja también esa pérdida de serenidad y el pronunciado dramatismo. Lo que Miguel Angel en el efectismo de los gestos. Su énfasis se alcanza por caminos distintos. La piedad del domo constituye un grupo especialmente compacto, las figuras de Jesucristo, la virgen y Nicodemo se disponen como una masa monetaria en que las figuras parecen retorcerse y a golpearse, mientras que al lado derecho la más grande la ofrece un cierto contrapunto, separar el mayor grupo mayor. La estructura del grupo recuerda la composición piramidal clásica, con Nicodemo como vértice superior, pero es una pirámide forzada y casi destruida en la que casi todo parece, a su vez, forzado; la imagen misma de Nicodemo, cuyo rostro se piensa que es un gran autorretrato del escultor, gigantesca sobre la virgen de Cristo muerto, este gigantesco también, como una 10ª desmadejada figuras sorprendidas que aludiese al ya citado genio de la victoria, y la virgen, que María tiene al hijo muerto, con el rostro ligeramente esbozado. (Bozal, Antón, Beretta, Cobielles, Dolores, Silio, 1992: 176)
La piedad del Duomo (1475)
Mármol altura 226 cm