Identidades No 5, Abril, 2015 | Page 129

bién lo son el deseo de no ser sumisos y callados ante quienes violan día a día nuestros derechos y de alzar de una vez y por todas nuestras voces como forma definitoria para no ser catalogados como siervos o títeres, es más: como marionetas de este sistema. Comparto el criterio de que un pueblo puede ser engañado parte del tiempo, que parte de un pueblo puede ser engañado todo el tiempo, pero que todo un pueblo no puede ser engañado todo el tiempo. Esto ayuda a recordar que los esclavos dijeron basta y demostraron cuánto puede hacerse cuando hay unión. El origen de tu pueblo, la forma en que surgieron los primeros comercios, comunidades e industrias ayudarían también a saber qué quieres y quién eres. De algo si estoy seguro: el régimen imperante es el máximo responsable por todo lo que acontece, por la deformada identidad del cubano y la pérdida de sus valores, su poco deseo de luchar por principios morales, aun sabiendo quién es el verdadero y originario culpable de sus pesares. Quien pueda leer este escrito tiene que reflexionar sobre el cambio tan brusco que ha sufrido la identidad de la población cubana en estos años de sistema castrista, para conocer los puntos de partida de acciones que conllevaron a transformar nuestra sociedad. Es fácil: hay que recordar que el pueblo es quién construye su propia historia, sobre la base de sus creencias y costumbres, y si los gobernantes nos impiden luchar para mantener nuestras ideas, sucumbiremos a sus aberrantes deseos de acabar junto con lo bueno, lo justo y en fin, con nuestra idiosincrasia. Cortar el mal de raíz solucionaría los problemas y como diría un gran músico: “Defiende tu identidad cubano, para que no te comparen”. Es tiempo de reconciliarnos todos los cubanos por un mismo fin, dondequiera que estemos y de cualquier forma en que pensemos, porque al final se nos ha negado un derecho constitucional e inalienable por más de cincuenta años. 129