bién lo son el deseo de no ser sumisos y
callados ante quienes violan día a día
nuestros derechos y de alzar de una vez
y por todas nuestras voces como forma
definitoria para no ser catalogados como siervos o títeres, es más: como marionetas de este sistema.
Comparto el criterio de que un pueblo
puede ser engañado parte del tiempo,
que parte de un pueblo puede ser engañado todo el tiempo, pero que todo un
pueblo no puede ser engañado todo el
tiempo. Esto ayuda a recordar que los
esclavos dijeron basta y demostraron
cuánto puede hacerse cuando hay unión.
El origen de tu pueblo, la forma en que
surgieron los primeros comercios, comunidades e industrias ayudarían también a saber qué quieres y quién eres.
De algo si estoy seguro: el régimen imperante es el máximo responsable por
todo lo que acontece, por la deformada
identidad del cubano y la pérdida de sus
valores, su poco deseo de luchar por
principios morales, aun sabiendo quién
es el verdadero y originario culpable de
sus pesares.
Quien pueda leer este escrito tiene que
reflexionar sobre el cambio tan brusco
que ha sufrido la identidad de la población cubana en estos años de sistema
castrista, para conocer los puntos de
partida de acciones que conllevaron a
transformar nuestra sociedad. Es fácil:
hay que recordar que el pueblo es quién
construye su propia historia, sobre la
base de sus creencias y costumbres, y si
los gobernantes nos impiden luchar para
mantener nuestras ideas, sucumbiremos
a sus aberrantes deseos de acabar junto
con lo bueno, lo justo y en fin, con
nuestra idiosincrasia.
Cortar el mal de raíz solucionaría los
problemas y como diría un gran músico:
“Defiende tu identidad cubano, para que
no te comparen”. Es tiempo de reconciliarnos todos los cubanos por un mismo
fin, dondequiera que estemos y de cualquier forma en que pensemos, porque al
final se nos ha negado un derecho constitucional e inalienable por más de cincuenta años.
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