Identidades No 5, Abril, 2015 | Page 127

donde jugar en concordancia con las nuevas realidades: el arte en efecto metafórico, simulador, ambivalente; la institución, pragmática, menos pugnante y más cortés. Los artistas, con la genuina complejidad del tropo y la metáfora, los laberintos y las encrucijadas, reflexionan sobre el universo erótico, filosófico, vivencial, e histórico, con la convicción de los inteligentes y los sabios: la prudencia. Para los especialistas, son el grupo de los cínicos. La metáfora es un recurso tropológico que permite comentar o abordar, desde zonas de naturaleza ambigua o indirecta, tópicos de interés. Los paralelos metafóricos crean áreas de ambivalencias, travestismos, carnavalizaciones, recursos que permiten hacer inferencias, romper con lo enfático y apoderarse de sutilezas para enaltecer una diversidad de perspectivas en la comunicación artística. A partir de entonces que al nuevo arte cubano le resultaría difícil desprenderse de las realidades desde las cuales se originan temáticas que abordan el deterioro del entorno físico, medioambiental y social; las marginaciones, el fenómeno migratorio y el papel de su legitimidad internacional; los problemas del individuo desde su situación cotidiana, reto permanente para el artista y las expresiones que buscan el encuentro y la confrontación dialógica, abierta y plural con la identidad de lo cubano condicionada por la situación geográfica. Este elemento determinante, más allá de cualquiera de las problemáticas conceptuales de sus contenidos, sigue presente en las representaciones alegóricas de una realidad vernácula. Otro evento marcaría un nuevo giro discursivo, que devendría tema obsesivo de los artistas reconocidos y emergentes: “El éxodo de los balseros en 1994” y el malecón, con la imagen síntesis del problema, bautizados por el crítico Gerardo Mosquera como “la mala yerba” por su capacidad de subsistir en condiciones adversas, desarrollarán una obra que apunta hacia numerosas circunstancias que germinaron desde los problemas socioculturales acumulados y con todas sus implicaciones. Aunque su proyección puede ser universal, regional o local, es parte consustancial de esas difíciles circunstancias en las cuales tiene que vivir y expresarse el artista a través de la proyección de sus sentimientos, sin que ello signifique desapego a sus raíces e historia. . 127