recurrentes entre los afroporteños. Dentro de lo cultivado como tradición, el
candombe es la expresión más alta,
aunque hubo y hay otros géneros anteriores y posteriores en el tiempo. Asimismo tienen canciones de carnaval,
para velorios de angelito y de adulto,
juegos infantiles, arrullos…
Esta vida musical familiar tiene su dimensión social en entidades propias,
que durante los dos últimos siglos fueron las “naciones” o “sitios de nación”7,
el “tambor”, las “sociedades carnavalescas” —o simplemente “comparsas”— y las sociedades de ayuda mutua,
culturales, laborales y políticas (Cirio
2009b).
La memoria contemporánea afroporteña
conserva mayores recuerdos del
Shimmy Club, que fue reciente foco de
protesta. Fundado en 1882 por Alfredo
Núñez con el propósito de dar bailes
para la comunidad, no pareció disponer
de sede, a diferencia de otras entidades
propias, sino que alquilaba salones para
sus bailes, que se daban en fiestas patrias, el Mi-Carême, o para agasajar a
alguna personalidad afro extranjera,
pero sobre todo para el carnaval. Desde
fines de los 20 hasta ca. 1978, los bailes
tuvieron como sede invariable la Casa
Suiza. Fue tal el vínculo del Shimmy
Club que los concurrente habituales
convirtieron ambos nombres en sinónimos. Si bien nació como entidad exclusiva para afroporteños, desde los 50 el
Shimmy Club fue abriéndose a otras
clientelas, incluyendo la blanca.
La dinámica del carnaval en la Casa
Suiza partía de que aquel se celebraba
en fecha variable, de fines de enero a
principio de marzo, según el año, y a tal
efecto se elegían entre 5 y 8 noches.
El baile formal tenía lugar en el salón
principal de la planta baja, amenizado
por dos orquestas: una de tango y otra
de jazz/característica/tropical, según la
época, por períodos de 45 minutos de
baile y 45 de descanso para la orquesta.
Luego de transcurrir estos últimos, el
salón tendía a menguar su concurrencia
en favor de la terraza y, sobre todo, del
sótano, donde funcionaba el bufé. Aquí
ocurría el episodio trascendental de la
vida afroporteña propiciado por el
Shimmy Club: el baile del candombe
porteño y la rumba abierta.
Muchas familias llevaban sus tambores,
que tocaban por turnos. A diferencia del
vocal-instrumental practicado en las
casas, aquí era básicamente instrumental. Casi la totalidad de la memoria oral
y las fotos se centran en este ámbito
subterráneo, locus privilegiado generador, difusor y afirmador de la identidad.
No hay concierto de opinión sobre
cuándo cerró el Shimmy Club, aunque
parece que fue hacia 1978. En cuanto a
las razones hay varias respuestas, siendo la más común el alto costo de vida
entonces, amén de la prohibición del
carnaval por los militares en 1976. Con
todo, el Shimmy Club vivió unos carnavales más, pues sus organizadores volvieron a la vieja práctica inicial del nomadismo festivo, pero esta modalidad
no prosperó, porque la concurrencia ya
estaba ligada con afecto inquebrantable
a la ubicación y disponibilidades de la
Casa Suiza.
Pese a su disolución, pasado mucho
tiempo el Shimmy Club tuvo unas noches más de actividad. En los primeros
años del siglo XXI la Asociación África
Vive (ONG afroporteña creada en 1997)
alquiló la Casa Suiza para un par de
bailes. La disolución de esta entidad en
2005 por la Inspección General de Justicia impidió continuarlos. La última
vez que se reunieron allí, en 2005, fue
para el documental Negro che, los primeros desaparecidos (Dir. Alberto
Maslíah, 2006), pero el escaso conocimiento de los productores sobre el tema
tornó la película en virtualmente no
representativa para los afroporteños.
Al ordenar el repertorio vigente (un
centenar de obras) en perspectiva diacrónica, obtuve cuatro grupos denominados tentativamente y solo con fines
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