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obsesiones filosóficas, las luchas y, por supuesto, los problemas raciales, mezclados y amparados por cierto naïveté que permite, sin respetar ninguna regla, mantenerse al margen de todo lo que huela a convención y seguir los dictados de su propia verdad. Así nadie queda fuera de su especial cinismo. Y su obra, a la vez despiadada y tierna, funciona como tribuna abierta para expresar— con toda frescura y desenfado— sus convicciones y dudas, contradicciones y frustraciones e incluso, por qué no, hasta la comida que le gusta. Sin embargo, Nicolás es una de las figuras menos conocidas de la literatura cubana y es más reconocido por su pintura, que goza de las mismas peculiaridades de su poesía y su prosa. ¿ Por qué apenas se le conoce como poeta, si su pintura es una particular forma de su poesía? Mi respuesta: la apreciación de la obra va acompañada de procedencias y sugestiones alrededor del creador. Y Nicolás, el poeta, con sus palabras duras y su enigmática modalidad lingüística, es una voz lapidada por esa famosa frase mágica que representantes de las instituciones cubanas utilizan para hacer desaparecer a los escritores incómodos:“ Qué pena compañero, pero... no hay papel”. No hay papel, no hay papel, repiten como papagayos cuando llega a sus oficinas algún proyecto fuera de las loas a la revolución, para despachar al visitante perturbador con una sonrisa triunfal. La historia de Nicolás, como pensador independiente e individuo identificado con los menos afortunados, comenzó a tejerse siendo apenas un niño de nueve años. Una vecina logró salvarlo de ser molido a cabillazos por un chulo del barrio Colón, pues el niño estaba arengando a las putas a librarse de sus parásitos. Ya adolescente se incorporó a la lucha clandestina contra la dictadura de Batista y aún respira porque el triunfo revolucionario del primero de enero de 1959 evitó que el día dos apareciera muerto en alguna cuneta. Y es que Nicolás siempre ha sido un molestón, alguien con verbo suficientemente agudo para poner fuera de control a burócratas de poca o mucha monta. Su genuina erudición viene siempre en su ayuda. El primer aviso revolucionario fue botarlo del trabajo por prestar un libro de Jean Paul Sartre y así se topó con que la literatura de amigos de la revolución prohibida para los cubanos. Lo metieron dentro del gran saco del diversionismo ideológico y ahí quedó hasta el día de hoy, porque nunca ha bajado la cabeza ni pedido clemencia. A partir de ahí comenzó a circular el rumor y los especialistas de este arte revolucionario echaron a rodar toda clase de intrigas, que hasta sus más allegados a veces llegaban a creerse:“ Negro contestón, maricón y poco agradecido”, es decir: las peores conductas que puede tener un negro desde el punto de vista de sus emancipadores. A la primera capa de la lápida se agregó:
-Versión para la población. Todavía funciona, incluso fuera de Cuba, porque mucha gente se lo cree y lo peor es que lo repite. Nicolás es coronel de la contrainteligencia u otra rama del G-2
-Versión para los funcionarios gubernamentales. Nicolás es un agentazo de la CIA o del FBI, amigo de militantes del Black Power americano escondidos en Cuba y aun cabecilla del grupo Su innata curiosidad y afán de saber ha venido siempre como anillo al dedo a los creadores de formulitas tan eficaces, pero su obra, negra sin proponérselo, es un canto a los desposeídos e inadaptados, a los irreverentes y libre pensadores. Nicolás canta a todos los que, de una forma u otra, no son bien vistos desde el bando correcto. Solo que
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