para programas que, de cierta manera, permitan reflejar sus críticas al sistema socialista. Otros son artistas comprometidos con el gobierno, que desde el extranjero aportan una cuantía nada despreciable de divisas, pero el pueblo sale castigado en todos los casos. Nadie puede negar la calidad de nuestros artistas y sus obras, pero … ¿ Por qué depender del criterio de la dirección política del país? ¿ Por qué todo tiene que responder a la fachada que el régimen quiere mostrar al mundo, si organizaciones culturales como la Asociación Hermanos Saíz( AHS) defienden a capa y espada a los artistas? ¿ Por qué se empeñan en proteger el presupuesto del Estado y se descuida la presentación cultural que merece cualquier ciudadano en cualquier rincón del país? ¿ Por qué Juan Carlos Cremata, uno de los directores de cine más prestigiosos, es cuestionado, reprimido y reprochado tan solo por recrear una verdad que no se puede ni se debe esconder más? ¿ Por qué cada año se hace más difícil la obra de la cultura por reducción del presupuesto, si los artistas ingresan cada vez más por pago de impuestos a las arcas del Estado? ¿ Por qué se tildan de contrarrevolucionarias— y se hace todo lo posible por desaparecer de la escena cultural— a personas que insisten en hacer cambios revolucionarios desde la visión progresista de mejorar la vida de la población a través de las artes y con iniciativas diferentes al discurso preexistente?¿ Por qué el concepto“ derechos humanos” sigue siendo el Punto G del gobierno y se manipula su contenido en contra de la sociedad civil pro democrática? Pasaríamos mucho tiempo tratando de que den respuesta quienes se han pasado toda la vida haciendo todo lo posible para que nuestro pueblo se mantenga enajenado, alejado de toda forma posible de superación a través de la tecnología, viajes al exterior, socialización con visitantes extranjeros, sin aprehender la declaración universal y los pactos internacionales de derechos humanos, que también son cultura. El Estado tiene el deber de garantizar estos derechos y cumplir con las obligaciones que corresponden, pero persisten las prohibiciones, detenciones y violaciones de la dignidad del hombre, sin acabar de reconocerse— de una vez por todas— que estos derechos no son propios del Estado o cultura de un país, sino inherentes a todos en el mundo. A diario llegan quejas de muchos, pero muchos artistas, maltratados por los funcionarios directivos y administrativos, incluso hasta en el pago del trabajo. Cunde la falta de interés en trabajos que buscan politizar la cultura y dar buena imagen del comunismo cubano. En Holguín hizo eco el criterio del presidente del capítulo provincial de la AHS, Yunior García, sobre las situaciones ya injustificables. El atrevimiento de juzgar a Fidel Castro, ex dictador del país, y a Luis Antonio Torres, Primer Secretario del Partido Comunista en la provincia, nos avisa ya que el muro del silencio adelgaza cada día. Solo hay que buscar la manera y el lugar preciso para que el discurso social y cultural necesario llegue a todos de modo comprensible, consistente y alentador para desenmascarar las intenciones de exclusión social que esconde la política. Es el momento de sostener las opciones de un cambio positivo para la población, para una verdadera apertura que no se limite, incluso como apertura política posible, constitucional, que sea incluyente y extirpe la hegemonía del partido único. Para estos los hechos culturales deben trascender por el mensaje, el valor social, la temática participativa y común, como la voz de la propia sociedad. No hay reunión o asamblea en el sector de la cultura artística en que el Partido Comunista no descargue su hostilidad e incomprensión hacia los temas la libertad de expresión y de reunión y asociación, pero si la cultura es la vanguardia de la Revolución, entonces Cuba tiene
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