periódico Tribuna pensaron que todo era lícito para impugnar al incomodo visitante, incluso la sorna racista. Simplemente nadie reparó en el acto ni se dignó a detenerlo a tiempo, porque el discurso y los menosprecios racistas son normales y tolerados. El artículo de Arandia no sólo es incómodo de leer por sus reiterados errores de sintaxis y concordancia, sino que también pierde de vista que este deplorable suceso forma parte de una dinámica cotidiana, ya que lo que ella insiste en llamar revolución no convive con el racismo: lo genera, con tantos silencios, omisiones y tergiversaciones, amén de medidas que profundizan las desigualdades e injusticias sociales. Para tomar conciencia clara de la trascendencia y peligros de esos ambientes racistas, Arandia debía recordar que en marzo de 2009 ella misma, por expresa orientación de la policía política, expulsó a los activistas antirracistas Juan A Madrazo, Leonardo Padrón y Leonardo Calvo de un debate que, bajo su coordinación, se celebró en la sede de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba( UNEAC).
Y el 20 de mayo de 2012, ante la denuncia de la detención arbitraria de cinco líderes antirracistas independientes que pretendían participar en la conmemoración del centenario del levantamiento del PIC, expresó públicamente que no le interesaba tal acto de represión ni el destino de los activistas, sino tan solo proteger el espacio alcanzado. Solo cuando se restaure plenamente el debate sobre la problemática racial, la historia, la identidad y las desigualdades subsistentes; cuando no se tolere en silencio la injusticia contra el más ignoto o anónimo joven afrodescendiente, siempre amenazado por la arbitrariedad policial callejera; solo cuando los afrodescendientes recuperemos nuestra voz cívica y pública para reafirmar la identidad, defender derechos y canalizar inquietudes; solo cuando se activen mecanismos legales efectivos para combatir cualquier manifestación de discriminación; solo entonces podrán llegar a nuestro país los visitantes sin correr el peligro de ser objeto de otra ofensa racista más.
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