IDENTIDADES 1 ESPAÑOL IDENTIDADES 6 ESPAÑol | Page 138

medular que el nombre anterior, más ambiguo para captar su esencia. Ahora la cuestión racial entra más suave, compartiendo otros asuntos y otros problemas, y lo hace con una organicidad que permite entenderla conectada y atravesando otros ámbitos de la realidad, ya más abiertos a la esfera de lo global. No es solo Cuba; es también América Latina, Estados Unidos y esperamos que un día Europa, Asia y Medio Oriente, donde los problemas del racismo adquieren otros rasgos, tienen otras honduras y afectan otras identidades. El número 5 de Identidades es espacialmente variado sin llegar a ser un número de variedades. La desigualdad racial tratada desde el entendimiento de la sociedad civil, como muy bien lo hace José Hugo Fernández, viene acompañada por el mismo tema de la desigualdad a través de imágenes, o postales de La Habana, como le llama Juan A. Madrazo Luna, Coordinador Nacional del Comité Ciudadanos por la Integración Racial. Unas breves historias de vida de la pobreza, no solo racial, captadas en video por la joven editora Surelys Vega Isás y por otro joven, Eric F. Toledo Acevedo, blanco él, apuntalan las historias desde su propia experiencia y se combinan en este número con el contraste imaginativo del dominó, muchas de cuyas piezas mezclan el negro y el blanco para hacer posible el juego, con la realidad del racismo en una localidad, Antilla, enclavada eb una de las provincias orientales en las que el racismo no remite. Sin abandonar su tema, Identidades se sigue abriendo a otras realidades importantes. Y quiero detenerme brevemente en una de ellas: la importancia de la democracia y, más concretamente, de la democracia deliberativa como modelo y herramienta para profundizar en la democratización de las sociedades. En este sentido Identidades se adelanta dentro del debate político. Es la primera publicación cubana que se atreve a abrir sus páginas a una discusión rara en el mundo y en América Latina, no así en Estados Unidos, en términos de definición política y participación ciudadana. Y lo hace de la mano de uno de sus más destacados cultores estadounidenses, el profesor Robert Cavalier, de la Universidad Carnegie Mellon, en Pittsburgh, Pennsylvania, quien incursiona en sus ventajas para el proceso de debate constitucional que se está produciendo en Cuba. A mi modo de ver, Identidades da un paso atrevido y polémico al abrirse a un asunto, que no se ha convertido en tópico todavía, y que considero crucial para el futuro democrático de Cuba. Si el problema de la democracia en nuestro país es estructural y no de déficit, entonces es mejor empezar no por donde están terminando las democracias deficitarias globales, sino por donde es mejor empezar: por la profundización y el replanteo de la democracia misma, si es que quiere prevalecer como la menos mala de las formas posibles de gobernar los asuntos humanos. Ese replanteo tiene un nombre y se llama democracia deliberativa, traducible como más implicación ciudadana desde la pluralidad, desde el consenso en las reglas mínimas del debate y desde la información. A partir de su experiencia, Fernando Palacio Mogár, uno de los líderes políticos cubanos que trabaja en el debate constitucional, se acerca también a la democracia deliberativa en un texto sencillo y de buen alcance para la ciudadanía. Identidades prosigue así recorriendo diversos acercamientos a la temática de la diferencia, con privilegio de la transversalidad representativa. Lo mismo escribe un intelectual consumado como Armando Soler, tocando las nostalgias originarias de la inmigración, vívidas con desgarro, asombro y negación, que una joven sin más bagajes que su experiencia y su incursión social, como Eleanor Calvo 138