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duro debe tener claro que de nada servirá proponer y prometer si no se esmera por mejorar graves situaciones internas como el desabastecimiento, la corrupción, la corrosión democrática, la inflación, la persecución política, la militarización y la represión estatal, entre otros. La reflexión sobre las situaciones planteadas merece resaltar la dinámica entre los elementos del diálogo, cuyo entendimiento puede resultar provechoso para la comunidad latinoamericana en general. En primera medida, se puede inferir que quien entra a una relación dialógica motivado por la voluntad de participar y de lograr un acuerdo, aún sin tener la suficiente competencia lingüística para la exposición de sus ideas, puede llegar a beneficiarse del consenso que se alcance; incluso es probable que, por el solo hecho de estar en medio del diálogo, el individuo o el grupo logre mejorar paulatinamente su capacidad para expresarse y empiece a aportar ideas favorables para el propósito. En el plano opuesto se puede considerar que quien entra en una relación dialógica incentivado solamente por la competencia lingüística, pero sin la voluntad de participar, lo único que pretende es vencer a su contraparte. Así se descarta cualquier posibilidad de acuerdo, es decir: este participante se aferra a su razón y busca descalificar y desconocer al interlocutor. El diálogo se cancela y aquí se ve reflejada la actitud de algunos gobernantes latinoamericanos, que en determinados momentos de la historia han sometido a sus pueblos después de haber sembrado falsas esperanzas a través de proyectos políticos de cambio y renovación. El contexto americano actual nos está invitando al diálogo y debemos empezar por comprender que la inversión más simple que cualquier ciudadano puede hacer para construir, reforzar o renovar una democracia es hablar con los demás, hacer preguntas y reconocer que sus criterios y opiniones importan. Dialogar implica un desafío, que es romper con la creencia irrefutable en una sola razón; a su vez promueve la búsqueda de un nuevo entendimiento que envuelve la comprensión mutua, los valores compartidos y la confianza en los demás. Los países de América atraviesan por un momento histórico y ser partícipes como sociedad en su transformación, más que deber se convierte en obligación de conciliar nuestras diferencias y tener como mejor opción acudir al diálogo y a la reflexión. 135