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sugerir la comprensión de una expresión o concepto”. La selección de obras para la muestra justifica la esencia misma de la curaduría, réplica de la pretendida taxonomía de los artistas, según los modelos establecidos, como parámetros del talento artístico. Los participantes se autoetiquetaron de antemano con el artificio de la obra al “Buen Hacer” y la vuelta a los oficios clásicos. La techné funciona como estrategia simuladora. Ernesto García, comentador, asume el comic y propone así un comentario sobre la historia universal; Alberto Casado se orienta hacia la historia del arte cubano y la manera de hacerse el arte kitsch; Jorge Luis Marrero, el Roy Liechtenstein cubano, interpreta a escala el arte del comic, su actitud artística y su manera de hacer el pop art;. Fernando Rodríguez, heterónomo, construye su obra sobre la idea de un personaje apócrifo: Francisco de la Call, el amigo ciego que encarga al artista la ejecución plástica de sus sueños y anhelos; Alexander Arrechea y Dagoberto Rodríguez (Dago y Ale), los Carpinteros, proponen el objeto fetiche como objeto hedonista; por la documentación sobre la obra de Marcos Castillo, este se acomoda hacia el Land Art y es un “pintor por encargo”; Osvaldo Yero, yesero popular, se apropia del arte kitsch; Abel Barroso, grabador en Xilografía, plantea un juego intertextual entre objeto, historia del arte y sexo en sus objetos labrados; Carlos Garaicoa es interventor del espacio urbano desde el anonimato: Esterio Segura es barroco histórico, mítico oficial, simulador dionisiaco. Esterio Segura 1993. Caridad del Acero. Madera y yeso policromado. Los propios artistas anuncian el cambio de la estrategia discursiva. Si antes se le entraba a la institución de frente, con proyectos agresivos que encauzaban la clara voluntad del arte en cuanto a suplir el silencio y la congestión de otras formas de conciencia, frente al replie gue y al abroquelamiento de la institución no quedó sino el reino de la metáfora: el tropo, el subterfugio, la oblicuidad, el doble código, el discurso ambiguo. Entre 1993 y 1995 quedó sellado un nuevo espacio de consenso, un tablero 126