Hoy nos embarga una profunda tristeza al despedir a alguien que no solo fue un pionero en el turismo de nuestra región, y del país, sino también, un ser humano excepcional, un amigo entrañable, un guía en muchos sentidos. Rafael no fue una persona común. Su pasión por mostrar al mundo las maravillas de nuestra tierra, su incansable trabajo por mejorar la vivencia de la hotelería, y su compromiso por hacer del turismo una herramienta de desarrollo sostenible y humano, lo convirtieron en un referente. Con temple, y su muy“ peculiar” estilo de convencer a las personas, podía desarrollar proyectos siempre a beneficio de sus amigos hoteleros. Líder en toda la extensión de la palabra, guía y camino en un solo ser. Pero más allá de su legado profesional— que es inmenso y duradero—, hoy, quiero hablar del amigo. Rafael fue quien me enseñó a detenerme, observar y callar cuando hubiera que hacerlo, y también a acelerar, señalar y defender los ideales en pro del sector, también siempre a trabajar con entrega y ahínco para que saliera todo bien, pero, sobre todo, y siempre, a amar a la familia con amplia generosidad. Su consejo era sabio, su compañía ligera, sus palabras verdaderas. Hoy nos duele su partida, es difícil aceptar que ya no lo veremos llegar con su sonrisa franca, sus historias interminables, sus ideas nuevas y esa energía que parecía inagotable. Pero también es cierto que Rafa nos dejó tanto, que, en realidad, nunca se va a ir del todo. Vivirá en cada hotelero que ayudó, en cada viajero que siga los caminos que él trazó, y en cada corazón que tocó con su bondad. A ti, querido amigo: Gracias. Gracias por todas las enseñanzas, sobre todo, las de el gran hombre que fuiste, Gracias por tu legado que sé, pasarán varias generaciones y seguiremos recordándote, Gracias por tu amistad, y por tu hermandad. Descansa en paz, Querido Amigo. Nosotros seguiremos caminando, con tu ejemplo como faro. ¡ Viva nuestro Presidente! ¡ Viva Rafael Armendáriz Blázquez!
Panegírico de Arturo Pérez Anzaldo
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