Un estudio propio y el despegue internacional
En 1981 abrió su primer estudio de arquitectura e ingeniería civil en Zúrich, y ocho años más tarde sumó una segunda oficina en París. Uno de sus primeros grandes reconocimientos llegó con la estación de Stadelhofen, en Zúrich, construida entre 1983 y 1990, que ya anticipaba su gramática formal: piezas metálicas repetidas, estructuras ligeras y soportes con apariencia casi anatómica.
Escultor de estructuras
Formado también como escultor, Calatrava concibe cada proyecto como un cuerpo en movimiento: alas, esqueletos, olas o costillas recorren su repertorio, desde el Oculus de Nueva York hasta la Ciudad de las Artes y
las Ciencias de Valencia. Contrariamente a lo habitual, no oculta las estructuras de sus edificios, sino que las convierte en elementos esenciales y en obras de arte.
Reconocimiento y controversia
Su trayectoria acumula distinciones como el Premio Príncipe de Asturias de las Artes en 1999 y el Premio Europeo de Arquitectura en 2015, además de múltiples doctorados honoris causa. Pero su ambición formal también le ha traído críticas: algunos de sus proyectos han sido cuestionados por problemas técnicos, sobrecostes y retrasos en la construcción. Aun así, pocos arquitectos contemporáneos han logrado un lenguaje tan reconocible: el de un ingeniero que nunca dejó de pensar como escultor.
La estación Reggio Emilia AV Mediopadana, en el norte de Italia, es una de las obras en las que Santiago Calatrava consigue convertir una gran infraestructura ferroviaria en una pieza casi escultórica.
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