Santiago Calatrava
El arquitecto que convirtió la ingeniería en escultura.
Hay arquitectos que ocultan la estructura de sus edificios detrás de fachadas limpias. Santiago Calatrava hace exactamente lo contrario: la expone, la exagera y la convierte en el verdadero protagonista de cada obra. Esa decisión, más estética que técnica, define casi cinco décadas de una carrera que ha llevado su firma a estaciones, museos, puentes y rascacielos repartidos por medio mundo.
De Valencia a Zúrich: una doble formación decisiva
Nacido en 1951 en Benimàmet, una pedanía de Valencia, en el seno de una familia dedicada a la exportación de cítricos, Calatrava comenzó a estudiar dibujo y pintura desde los ocho años en la Escuela de Bellas Artes, y a los trece pasó una temporada en París gracias a un programa de intercambio. De vuelta en España, inició en 1969 la carrera de Arquitectura en la Universidad Politécnica de Valencia, donde se graduó en 1973. Ese mismo interés por comprender a fondo las grandes construcciones clásicas lo llevó a trasladarse a Suiza, donde estudió durante cuatro años ingeniería civil en la Escuela Politécnica Federal de Zúrich. Esa doble titulación-arquitecto e ingeniero civil- es la clave que explica su obra. A diferencia de otros arquitectos que dependen de un ingeniero para resolver la estructura, Calatrava diseña y calcula al mismo tiempo, lo que le permite llevar la forma hasta límites que pocos estudios se atreven a plantear.
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