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Taller Héctor Barroso

La arquitectura que dialoga con el paisaje.
Hay estudios que construyen edificios y hay estudios que construyen experiencias. Taller Héctor Barroso pertenece, sin duda, a la segunda categoría. Desde su fundación en la Ciudad de México, esta firma se ha convertido en una de las voces más influyentes de la nueva arquitectura mexicana, gracias a una obra que privilegia la elegancia serena por encima del espectáculo formal.
Un taller con vocación colectiva Héctor Barroso Riba, nacido el 14 de julio de 1982 y egresado de la Universidad Anáhuac México Norte, fundó su estudio en 2011, concebido como un taller vocacional que, según cuenta la firma, funciona como un mecanismo de disciplinas superpuestas, promoviendo la colaboración entre ingenieros, maestros de obra, diseñadores industriales, ebanistas, artistas y paisajistas. Esa vocación colectiva explica, en buena medida, el refinamiento con el que cada proyecto sale de sus manos: nada en las casas de Barroso parece improvisado, y sin embargo todo conserva un aire artesanal, casi doméstico.
Una filosofía enraizada en el sitio Desde entonces, el estudio ha construido una filosofía muy reconocible: generar propuestas arquitectónicas que logren fusionarse con su entorno, aprovechando los recursos naturales de cada lugar-la incidencia de la luz y las sombras, la vegetación circundante, la composición de la tierra y los accidentes geográficos, así como los materiales y métodos constructivos del sitio. El resultado son espacios donde la frontera entre interior y exterior prácticamente desaparece, y donde la arquitectura parece haber brotado del propio terreno.
Reconocimiento nacional e internacional Ese enfoque le ha valido un reconocimiento notable dentro y fuera de México. En 2018 recibió la medalla de plata del Colegio de Arquitectos
Hoy, Taller Héctor Barroso se mantiene como referencia obligada para entender hacia dónde camina la arquitectura mexicana contemporánea: una disciplina que ha decidido, con Barroso a la cabeza, que la verdadera sofisticación no está en la ostentación, sino en la capacidad de escuchar al lugar antes de construir sobre él.
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