En los palacios barrocos, subir una escalinata era casi un ritual.
El teatro del ascenso
la escalera monumental sigue siendo un territorio fértil para la experimentación. Materiales ligeros, estructuras que parecen desafiar la gravedad.
Peldaños con alma
En los palacios barrocos, subir una escalinata era casi un ritual.
Cuando subir una escalera es toda una experiencia.
Hay estructuras que existen únicamente para llevarnos de un piso a otro, y hay otras que se convierten en el alma misma de un edificio. A lo largo de la historia, algunos arquitectos entendieron que una escalera no tiene por qué limitarse a resolver un problema de circulación: puede ser escenario, símbolo de poder, ejercicio de geometría o pura coreografía de luz y sombra.
El teatro del ascenso
En los palacios barrocos, subir una escalinata era casi un ritual. Los arquitectos de la época diseñaban tramos amplios, dobles, simétricos, pensados para que el visitante se sintiera pequeño frente a la grandeza del espacio antes de llegar siquiera a la sala principal. No era casualidad: cuanto más relevante era el huésped, más monumental resultaba el recorrido
la escalera monumental sigue siendo un territorio fértil para la experimentación. Materiales ligeros, estructuras que parecen desafiar la gravedad.
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