La retrospectiva del Zentrum Paul Klee reúne tejidos, bocetos y fotografías que recorren seis décadas de trabajo, incluyendo piezas icónicas como“ Red Meander”( 1954) y el monumental“ Camino Real”( 1968), diseñado para un hotel mexicano de Luis Barragán y Ricardo Legorreta.
El hilo como escritura
Sus viajes a México, Perú y Chile resultaron decisivos. Fascinada por la sofisticación de los tejidos precolombinos, creó obras como“ Ancient Writing”( 1936) y“ Code”( 1962), donde el hilo funciona como lenguaje visual. Los nudos, las tramas irregulares y las variaciones de tensión se comportan como signos, como frases tejidas. En su influyente libro“ On Weaving”( 1965), dedicado“ a mis grandes maestros, los tejedores del antiguo Perú”, Albers teorizó sobre el tejido como pensamiento estructural. El texto se convirtió en referencia obligada para diseñadores y arquitectos, y su influencia permanece vigente en la sensibilidad contemporánea hacia los materiales y la textura.
Textil funcional y bello
Para Albers, tejer era literalmente construir. En 1930 diseñó para la escuela sindical de Bernau un revestimiento acústico experimental que combinaba chenilla y celofán para absorber sonido y reflejar luz. Décadas después aplicó estos principios en proyectos para Harvard y en colaboraciones con Walter Gropius y otros arquitectos modernistas. Sus célebres divisores de espacio, presentados en el MoMA en 1949 durante su exposición individual— la primera dedicada a una diseñadora textil—, propusieron un interiorismo más flexible y táctil. Estructuras livianas de celofán y fibras naturales que desafiaban la rigidez de los muros tradicionales.
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