camente con las tradiciones europeas, dando lugar a una fusión que ya no se define por su origen geográfico, sino por su resultado estético y emocional.“ Se ha generado una fusión de los países generando un estilo único”, afirma Viteri. El fenómeno tampoco es ajeno al ámbito académico. En las aulas donde conviven estudiantes mexicanos y europeos, se producen intercambios que enriquecen la práctica del diseño. Las nuevas generaciones combinan referencias históricas y filosóficas con una actitud experimental, priorizando la intención de transmitir experiencias sobre la reproducción de estilos predefinidos.
Este proceso refleja también un cambio más amplio en la identidad cultural mexicana. Como señala Viteri, México ha tomado conciencia de su propio valor creativo y ha comenzado a proyectarlo al mundo. En ese sentido, la presencia del diseño mexicano en España no responde a una moda pasajera, sino a una integración profunda y duradera. La interacción entre ambos países en el campo del interiorismo configura así un nuevo lenguaje compartido que trasciende fronteras y redefine cómo se diseña y se vive el espacio contemporáneo.
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