Home & Home Marzo 2026 | Page 51

García es clara al respecto: cada edificio tiene su propio código estético y cada época merece ser respetada. Insertar elementos decorativos fuera de contexto solo genera resultados artificiales. La clave está en leer la historia que cuenta cada espacio y potenciar sus cualidades inherentes.

Espacios con carácter y funcionalidad

Con casi 80 metros cuadrados y techos de hasta tres metros de altura, la vivienda alberga un salón-comedor-cocina integrado, dos dormitorios y un baño. El proyecto fue diseñado para una mujer de 60 años, historiadora y apasionada de la lectura, lo que explica la presencia dominante de una estantería-biblioteca que estructura el espacio principal. Los suelos de madera y una paleta neutra conforman la base del proyecto. El mobiliario integrado— cocina, estantes y mesa de comedor— fue diseñado con tablero contrachapado de roble, mientras que las piezas exentas siguen líneas suaves que refuerzan la atmósfera relajada del conjunto. La combinación con muebles vintage aporta capas de historia y contribuye a crear esa atemporalidad que no responde a modas pasajeras.

El baño como declaración de intenciones

La estancia más arriesgada es sin duda el baño, donde convergen referencias a la arquitectura del siglo XX, la experiencia de García trabajando en Alemania e Italia para Chipperfield, y guiños a la pintura metafísica italiana de De Chirico. El lavabo de terrazo, la baldosa hidráulica en damero beige y granate, y un arco escultórico convierten este espacio en una declaración lúdica que, lejos de romper la coherencia del proyecto, enriquece su narrativa.
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