Ahora viene el verdadero chisme histórico.
Ahora viene el verdadero chisme histórico.
Cuando Wassily Kandinsky vio la silla terminada en la Bauhaus, quedó obsesionado. Le gustó tanto que le pidió a Breuer una copia especial para su oficina. Hasta ahí, todo normal. Décadas después, la firma italiana Gavina decidió reeditar la silla y pensó:“ B3 suena aburrido … pero Wassily suena artístico, intelectual y vende más”. Y listo: rebautizaron la pieza como silla Wassily, aunque Kandinsky jamás afirmó haberla diseñado.
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