El rojo de la tierra como lenguaje material
Una vivienda que dialoga con la naturaleza
comedor y sala—, mientras el otro concentra las habitaciones alrededor de un patio interior. La distribución permite diferenciar dos atmósferas: una abierta y luminosa orientada al sol de la tarde, y otra más introspectiva y fresca destinada al descanso. El proyecto toma referencias directas de la emblemática Casa Experimental de Muuratsalo de Alvar Aalto, especialmente en la idea de fragmentar la arquitectura hasta fundirla con el entorno. Los arquitectos explican que aprendieron del maestro finlandés que“ la fragmentación puede ser una forma de desaparecer”.
El rojo de la tierra como lenguaje material
Uno de los rasgos más distintivos de Casa Sota la Mola es su materialidad monocromática. El hormigón pigmentado en tonos rojizos recubre tanto interiores como exteriores, eliminando la necesidad de revestimientos adicionales y reforzando la sensación de que la vivienda nace directamente del suelo. La textura conserva además la huella del encofrado de madera, aportando una dimensión artesanal al conjunto. En las estancias principales destaca el uso de la tradicional“ volta catalana”, una bóveda curva reinterpretada en concreto que dota al interior de continuidad y una fuerte presencia escultórica. Grandes ventanales introducen el verde intenso del paisaje y generan un contraste constante entre vegetación y superficies terrosas.
Un refugio silencioso donde arquitectura y naturaleza parecen pertenecer al mism
Una vivienda que dialoga con la naturaleza
La integración con el entorno va más allá de la forma y los materiales. Durante la excavación apareció una gran roca que los arquitectos decidieron conservar como parte del patio interior. Además, la intervención sobre el terreno fue mínima para preservar la vegetación original y respetar las dinámicas naturales del sitio.
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