Con la madera de espino, The Andes House diseñó percheros, floreros, lámparas, espejos y candelabros.
Además del espino, han trabajado con raulí, textiles, bronce y mármol, siempre desde una perspectiva local. Su mobiliario, como la línea Trama, combina metal y madera con una estética limpia y adaptable, pensada para la vida cotidiana, no para las vitrinas.
Diseño para vivir mejor
Más que perseguir premios( aunque ya tienen varios), lo que impulsa a The Andes House es la posibilidad de mejorar el día a día de las personas.“ Una buena silla, una linda taza, un cómodo sofá”, dice Domínguez. Esa búsqueda de bienestar doméstico es, en el fondo, una forma de hacer arquitectura a pequeña escala: íntima, práctica y emocional. El estudio también ha desarrollado proyectos a mayor escala, como la habilitación de la primera tienda IKEA en Chile, espacios museográficos y hasta modelos de casas prefabricadas. En todos estos proyectos se refleja su mirada híbrida entre arquitectura y diseño industrial, como en la premiada Casa Casablanca.
¿ Diseñadores o arquitectos? Da igual. Son creadores.
En tiempos donde las fronteras entre disciplinas se desdibujan, The Andes House representa una forma de trabajo más libre, más consciente y más humana. Diseñan desde el lugar, desde la materia, pero sobre todo desde la experiencia. Porque, como ellos mismos dicen,“ el buen diseño es aquel que mejora el buen vivir”. Y eso se nota en cada curva del espino, en cada entramado de mimbre, en cada silla bien pensada.
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