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Una ceiba como arquitecta involuntaria
El interior como secuencia climática
Materialidad con memoria y oficio

Una ceiba como arquitecta involuntaria

Antes de trazar cualquier línea, ya existía en el terreno un elemento que lo condicionaba todo: una gran ceiba cuya copa cubre más de la mitad del predio. La casa se diseñó a partir de su presencia. La orientación de los volúmenes, la disposición de las aperturas y la ubicación del“ patio-piscina”-corazón climático y social de la vivienda- responden directamente a las condiciones de sombra y microclima que genera el árbol. Pocas veces la naturaleza preexistente dicta con tanta claridad el orden de una casa.

El interior como secuencia climática

La planta baja funciona como una secuencia continua entre cocina, terraza y patio. La cocina se abre completamente hacia el exterior, permitiendo que las actividades cotidianas sucedan en relación directa con el agua, la vegetación y las corrientes de aire. La inercia térmica de los muros de piedra, la sombra de la ceiba y la ventilación cruzada conforman un sistema de enfriamiento pasivo que hace prescindible el aire acondicionado en gran parte del día. Los interiores proponen transiciones graduales: terrazas sombreadas, patios secundarios y umbrales que filtran la luz y generan una atmósfera más silenciosa dentro de la densidad urbana.

Materialidad con memoria y oficio

Piedra local, acero, madera y acabados en crudo conforman la base material del proyecto. A ello se suma mobiliario y piezas desarrolladas por artistas, alfareros e interioristas de Jalisco, incorporando una dimensión de colaboración artesanal que enriquece el resultado sin competir con la arquitectura.
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