El color como pieza central
Integración con materiales y texturas
Repetición y coherencia visual
Equilibrio en cada estancia
El color como pieza central
Ya no basta con textiles o cuadros para añadir personalidad: los muebles se convierten en elementos protagonistas. Aparadores, estanterías, mesas o butacas en tonos intensos funcionan como puntos focales que transforman la percepción de cada estancia. La elección de la escala de la pieza es fundamental: muebles grandes requieren tonos moderados o reflejados en otros elementos, mientras que los más pequeños permiten experimentar con colores audaces sin riesgo.
Integración con materiales y texturas
El éxito de esta tendencia no depende solo del color, sino de cómo se combina con materiales naturales como madera, lino, mármol o yute. Un verde oliva sobre madera cepillada o un azul mineral sobre mármol mate crea equilibrio y armonía visual, mientras que los acabados lacados pueden suavizar espacios de estilo más rudo. La textura y la combinación de materiales ayudan a que el color se integre y no resulte agresivo.
Repetición y coherencia visual
Para evitar que un mueble colorido parezca aislado, los expertos recomiendan repetir el tono en accesorios como cojines, lámparas o jarrones. Otra estrategia es jugar con diferentes matices del mismo color para generar un conjunto coherente y atractivo. La repetición o el reflejo del color facilita la conexión visual y potencia el efecto decorativo del mobiliario.
Equilibrio en cada estancia
Cada espacio requiere un enfoque distinto: un aparador de color puede ser el foco del salón; una cómoda terracota aporta calidez al dormitorio; una consola vibrante da personalidad al recibidor; y tonos suaves de azul o verde favorecen concentración en el home office. La regla de oro es mantener el equilibrio visual: uno o dos muebles de color son suficientes si el resto del mobiliario permanece neutro.
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