Home & Home Enero 2025 | Página 38

Un detalle fascinante es su“ punto cero”: una humilde placa de bronce incrustada en los adoquines frente a la catedral. Desde 1924, este punto marca el kilómetro cero de todas las carreteras francesas.

Un detalle fascinante es su“ punto cero”: una humilde placa de bronce incrustada en los adoquines frente a la catedral. Desde 1924, este punto marca el kilómetro cero de todas las carreteras francesas.

La Revolución Francesa transformó radicalmente su significado. En 1793, los revolucionarios la despojaron de símbolos religiosos, rebautizándola como“ Notre-Dame de la Raison” y utilizándola incluso como almacén de vino. Napoleón I la devolvería después a su esplendor religioso, coronándose emperador entre sus muros en 1804. Un hallazgo arqueológico extraordinario involucra 28 estatuas decapitadas en 1792. Creídas perdidas para siempre, en 1977 fueron encontradas misteriosamente enterradas en un patio de París. Hoy, 22 de estas cabezas se exhiben en el Museo de Cluny, testimonio de un pasado turbulento. El incendio de 2019 reveló otro capítulo inesperado: la catástrofe dejó una estela de polvo de plomo que obligó a repensar los protocolos de seguridad ambiental en grandes ciudades. Un problema oculto que salió a la luz gracias a la tragedia.
Notre Dame es más que piedra y vidrio. Es un palimpsesto viviente donde cada grieta cuenta una historia, cada estatua guarda un secreto. Su reconstrucción no es solo restauración arquitectónica, sino un acto de memoria colectiva que reafirma la capacidad humana de resurgir de las cenizas.
La catedral vuelve. Y con ella, siglos de historia latente.
Durante la Revolución Francesa, que vio oleadas de protestas contra la Iglesia, Notre Dame no fue tratada precisamente como una catedral venerada.
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