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El cabecero como lienzo
Color y arte como punto de partida
Clásico, sereno y con carácter arquitectónico
Tras años de interiores excesivos, contrastes rotundos y una cierta necesidad de impactar, el péndulo vuelve a oscilar hacia espacios más calmados, envolventes y emocionales, aunque no por ello aburridos.
Arte, textiles, cabeceros con carácter y paletas pensadas para el descanso: los dormitorios mejor resueltos tienen en común que entienden este espacio como una experiencia sensorial, no solo como una habitación para dormir.

El cabecero como lienzo

El cabecero puede ser mucho más que un respaldo. Una de las ideas más efectivas es sustituirlo por un mural que recree un paisaje envolvente, enmarcado por molduras clásicas. Los textiles en terracota y verde oliva introducen calidez sin competir con la escena. En la dirección contraria, arrancar de una obra de arte— colgada en el lugar del cabecero— y dejar que marque toda la paleta cromática del espacio es otra estrategia igual de potente: mantas y cojines en mostaza y ocre siguen el acento, y una lámpara colgante de diseño rompe la simetría convencional añadiendo un elemento escultórico.

Color y arte como punto de partida

Apostar por el color sin reservas— azul profundo con acentos naranjas, una obra de arte pop dominando la
pared— produce dormitorios vibrantes y deliberadamente alejados del estándar. Pero la contención funciona igual de bien: una base neutra y luminosa donde el protagonismo lo tiene una sola obra abstracta llena de color puede resultar igual de impactante. Cojines a rayas en dos tonos añaden dinamismo sin saturar. En ambos casos, la clave está en elegir un punto focal claro y dejar que el resto del espacio lo acompañe.

Clásico, sereno y con carácter arquitectónico

Hay más registros posibles. Las molduras en pared con un cabecero tapizado en terciopelo y un detalle escultórico encima reinterpretan el dormitorio clásico con elegancia contemporánea. Un cabecero curvo en tejido claro con ribete cuero, paleta de arena, verde oliva y terracota suave, y mesillas de formas redondeadas construyen en cambio una atmósfera de calma total. Y cuando la arquitectura tiene personalidad— vigas de madera oscura en el techo sobre paredes blancas—, lo mejor es dejarla hablar: textiles en mostaza y un pequeño nicho tras el cabecero para plantas y decoración son todo lo que hace falta.
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