Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Page 299
Historia insolita de la musica clasica I
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Alberto Zurron
cosas, una para sí, recuperar su dinero, y otra para el compositor: recobrar
la decencia. Si el estreno generaba indignación la obra estaba llamada al
fracaso, pero si había suscitado incomodidad el éxito estaba garantizado, y
no digamos si se lograba una transición de estadios en el que la indignación
era ofensa y la incomodidad sometimiento. En ese caso lo que estaba servido
era… ¡la gloria! En definitiva, los estrenos se clasificaban entre aquellos que
servían la gloria, aquellos que servían la pena, y… ¡aquellos que pasaban sin
pena ni gloria!
La difícil opción entre echarse a reír o echarse a llorar
Antes de un estreno Beethoven no se ponía de tiros demasiado largos porque
sabía que al final debería recogérselos para salir corriendo, y si polemizar era
importante la experiencia le decía que más lo era huir sin tropezar. En 1808
(37 años) el de Bonn compuso los Tres cuartetos para cuerda Op. 59, por
encargo del conde Razumovski, embajador ruso en Viena. Como además
este era muy amigo del principal protector del músico, el príncipe
Lichnowsky, nobleza obligaba doble, así que cuenta Carl Czerny que
«Beethoven se empeñó en entretejer una melodía rusa en cada cuarteto»,
hasta el punto de que, sigue Czerny en su crónica, cuando se tocó el nº 1 de
la serie el público rio abiertamente en la creencia de que el siempre
imprevisible Herr Ludwig les estaba gastando una broma. Al final ya nadie se
reía, y hubo quien calificó la pieza de «música loca». Incluso el violinista
Ignaz Schuppanzigh, cuyo apellido daba nombre al cuarteto patrocinado por
el conde Razumovski, se quejó de que no había quien tocara a derechas
aquella diáspora de notas, a lo que Beethoven le respondió con una de sus
frases más cinceladas: «¿De verdad cree que pienso en sus miserables
cuerdas cuando el espíritu me habla?».
La Segunda Escuela de Viena tuvo tres pupitres insignes en primera fila:
Berg, Schönberg y Webern, según el orden alfabético. Con los deberes eran
aplicadísimos, pero cuando se trataba de salir al encerado a representar una
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Preparado por Patricio Barros