Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Seite 294

Historia insolita de la musica clasica I www.librosmaravillosos.com Alberto Zurron procurarme agua», afirmó en su librito de 1915 Cuatro semanas en las trincheras, escrito con el pie en alto, ya que fue licenciado del ejército cuando durante un ataque de la caballería rusa una lanza le atravesó el pie, con bastante más suerte que Aquiles. Nacidos para la aventura Pero no hacía falta irse a la guerra para demostrar a los de alrededor hasta dónde estaba uno dispuesto a soportar su destino… ¡aunque fuera por unos minutos! Cuando siendo niño Pablo Casals fue mordido por un perro rabioso fue llevado por sus padres al hospital, y en inyecciones de suero hirviendo soportó estoicamente el mismo número de compases que Ferruccio Busoni soportaba del Tristán: ¡64! Pero si a Busoni le perseguía aterrado una jauría de compases, a Paderewski lo hizo una jauría de lobos dispuestos a hacer con él cualquier cosa menos bailar. Corría 1871 y el pianista tenía diez años. Volviendo de Kiev, a donde había ido a escuchar un concierto por primera vez en su vida, se dirigía en trineo con sus padres por las llanuras a la ciudad de Sudylkow cuando una manada de lobos hambrientos les persiguió durante un buen trecho, hasta que los caballos claudicaron y se detuvieron. Sólo la veloz acción de un agente inmobiliario con el que viajaban impidió que los devoraran: desenganchó los caballos del segundo trineo, donde viajaban los víveres y el equipaje, y le prendió fuego. Paderewski estuvo avivando llamas durante horas hasta que los lobos regresaron a sus cuevas. Quien vivió un auténtico duelo fue Arthur Rubinstein. No, no por la muerte de un ser querido, sino por las heridas inferidas al ser más querido y digno de protección: su honor. Con veintiún años retó al esposo de la joven que amaba desde hacía años, Pola Harman, hija de uno de sus máximos protectores. Los protagonistas se decantaron por la suerte de pistolas, se convino un escenario a las afueras de Varsovia y se fijó como hora las siete de la mañana. Tenían junto a ellos a sus respectivos padrinos y a un médico 294 Preparado por Patricio Barros