Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Page 277
Historia insolita de la musica clasica I
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Alberto Zurron
cantata en un cuarto cerrado a cal y canto, sin contacto alguno con el
exterior. Pero rematando los últimos compases estalló la revolución de 1830
y Berlioz pintó con palabras cómo la metralla atravesaba las puertas del
instituto y los cañonazos derruían la fachada:
Y mientras tanto yo escribía, escribía precipitadamente las
últimas páginas para mi orquesta, al ruido seco y mate de las
balas perdidas que, describiendo una parábola por encima de
los tejados, venían a aplastarse cerca de mi ventana contra la
pared de mi habitación. Por fin el día 29 me encontré libre y
pude salir y vagabundear por París, con la pistola en la mano.
Ya hemos visto la generosidad que Fritz Kreisler, con la inestimable
colaboración de su esposa, desplegó a manos llenas durante la Segunda
Guerra Mundial. Pero, como en la primera guerra no tenía todavía tanto
dinero, echó mano de un atributo de soterrada cotización bursátil: el valor.
Así fue como siendo ya un consagrado violinista de treinta y nueve años
interrumpió sus vacaciones en Suiza para alistarse en el primer regimiento
de Galitzia y dar la sangre por Austria como algún árbol doscientos años
atrás había dado la savia por su stradivarius. El caso es que su alistamiento
fue muy en serio. Pasó varias semanas en las trincheras y confesó haber
estado tres días sin probar alimento, «lamiendo el rocío de los pastos para
procurarme agua», afirmó en su librito de 1915 Cuatro semanas en las
trincheras, escrito con el pie en alto, ya que fue licenciado del ejército
cuando durante un ataque de la caballería rusa una lanza le atravesó el pie,
con bastante más suerte que Aquiles.
Ya sabemos en qué condiciones escribió Shostakovich su Séptima sinfonía,
propiciando los alemanes con sus aviones una batería orquestal gratuita
donde podía él ir aventurando «aquí los timbales, allá las tumbas, ahora los
fagots…». Aquella sinfonía sí que fue dictada a Shostakovich por la
transpiración y no por la inspiración. Cuenta su esposa Nina:
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Preparado por Patricio Barros