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Historia insolita de la musica clasica I
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Alberto Zurron
habituó a tocar, dejándola con el tiempo en una especie de apagón
pianístico, todo lo contrario que los Tres movimientos de Petroushka
encargados a Stravinski en aquel mismo año de posguerra, al parecer tan
fatídico para todos salvo para él. La generosidad le llevaba a poner el pie en
un continente y hacerse básicamente dos preguntas: ¿dónde están las
mujeres de moral relajada?, y ¿dónde hay un músico que esté pasando
estrecheces? El caso es que a las dos tareas aplicaba un regular ritmo
binario, llegando incluso a borrar su número de bastidor para que no se
supiera que había pasado (y pagado) tanto por un sitio como por el otro.
El mérito de Rubinstein es que hizo toda su fortuna con sus manos y no con
la mano de una señora pidiéndosela en matrimonio. Esto sí lo hizo el director
ruso Serguéi Koussevitzky. La propietaria de la mano fue una señora llamada
Natalie, hija de un adinerado empresario, y aquel ya nunca la soltó teniendo
en cuenta que como regalo de bodas le puso una orquesta completa a su
disposición. Pero Serguéi optó por no quedarse para sí solo la formación y
decidió dar carne a quien no tenía dientes para deglutir, así que se la
desmenuzó a tantos y tantos desdentados alquilando un barco y recorriendo
las aldeas ribereñas del Volga para acercar la música a sus sorprendidos
habitantes. Durante el primer verano que aquel Cristóbal Colón de la música
se lanzó a la aventura recorrió dos mil trescientas millas y ofreció centenares
de conciertos. Obras son amores y no buenas razones. Aquellas le costaron
unos cien mil dólares de la época. El pianista Sviatoslav Richter no puso agua
de por medio, sino tierra. Y mucha. No poco mérito tuvo que a sus setenta y
un años, en 1986, hiciera con su coche un viaje de seis meses por Siberia y
Los Urales ofreciendo recitales gratuitos de pueblo en pueblo tocando ante
personas que jamás habían escuchado o visto un piano.
Otras veces no se trataba de dejar dinero, sino de arremangarse y hacer «de
negro». Tal fue lo que decidió Mozart con Michael Haydn, hermano menor de
Joseph, a quien el príncipe-arzobispo Von Colloredo había encargado una
serie de seis dúos para violín y viola, aunque llegada la fecha límite una
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Preparado por Patricio Barros