Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Page 243
Historia insolita de la musica clasica I
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Alberto Zurron
puñetazo sobre la mesa que nos cambia de silla, de alfombra y hasta de ropa
interior. Cuando me enfrento periódicamente a la sección de música de la
FNAC no creo tener ante mí discos, sino productos de limpieza perfectamente
alineados en las estanterías, porque ellos, los músicos, nos hacen sentir más
limpios, más sanos, y lo que han lanzado al mundo desde Palestrina en
adelante no ha sido música, sino cámaras hiperbáricas de descontaminación
del organismo, lo que ya es de por sí un acto de generosidad impagable.
Muchos de ellos se dejaron arrancar de su corona las hojas de laurel que
hicieran falta para que el mundo ganara en sabor y ellos en humanidad.
Platón sostenía que lo bello es difícil. Pero la generosidad lo es más todavía.
Para
ser
generoso
se
necesitan
ciertas
dosis
de
arrebato,
cierta
predisposición a la improvisación inconsecuente, ternura y tiempo. Además
te deja sin dinero. En definitiva: la generosidad era uno de los males de la
caja de Pandora, y no hubo músico que no lo buscase con la exhaustividad
de Diógenes con el fin de devolverlo a su sitio para evitar la tentación de
volver del revés los forros de los trajes y cambiar el Guarnerius por un violín
de la banda del pueblo. En este capítulo comprobaremos que los músicos no
venían al mundo con una avaricia de grupo sanguíneo único, sino que
algunos sangraban para saltar de dentro afuera y hacer que les reconocieran
por sus obras y no por sus opus. Los tracios tenían una forma muy
extemporánea de saber si habían sido o no felices en la vida, ya que cada día
introducían en una urna un guijarro de color blanco o negro en función de la
mayor o menor alegría que los acontecimientos les hubieran traído esa
jornada; así es como al final de su vida rompían la urna y si aún les
quedaban fuerzas para contar guijarros y diferenciar colores podían conocer
el balance contable de su felicidad. Si los músicos han vaciado sus bolsillos
para hacer lo mismo en sus arranques de solidaridad estoy en condiciones de
traerles esa urna comunitaria y romperla para ustedes. «Perlen entrollen»,
comenzaba Rainer Maria Rilke uno de sus más crípticos poemas. «Ruedan
perlas…».
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Preparado por Patricio Barros