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Historia insolita de la musica clasica I
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Alberto Zurron
que se llamaba Niccolo y andaba por su casa de Génova con una fusta detrás
de su padre, Antonio Paganini, a pesar de que éste era estibador de muelle.
Él fue quien con seis años dio a Niccolo las primeras enseñanzas de
mandolina y violín, pero el oído hipersensible del alumno le hacía enfurecerse
cada vez que su profesor desafinaba, así que las clases finalizaban con el
pupilo corrigiendo al maestro. Aquel niño hubiera sido feliz en compañía de
otro nacido veintiséis años antes, que a los cuatro años había desarrollado
tal receptividad de oído que podía advertir cuándo un violín estaba
desafinado un cuarto de tono. Nos referimos a Mozart, por supuesto. Su
prodigioso sentido era recordado cinco meses después de su muerte por el
violinista Andreas Schachtner, quien contaba por carta a la hermana de
Wolfgang, Mariana, cómo en una visita a la familia Mozart el pequeño genio
le había recordado de su anterior visita que su violín estaba un cuarto de
tono desafinado respecto del suyo. «Me eché a reír, pero vuestro padre, que
conocía la extraordinaria sensibilidad y memoria musical del niño, me pidió
que fuera a buscar mi violín para ver si tenía razón. Lo hice, y así era».
Casos como los de Mozart o Paganini eran verdaderas rarezas; no sólo
hubieran sabido ubicar el lugar exacto del bocinazo, sino también si el
impaciente conductor había pulsado el claxon con la mano abierta o con ella
cerrada.
En ese sentido los músicos de oído privilegiado eran más parecidos a tahúres
que a otra cosa. Su tercer ojo estaba perdido, pero muy despierto, en algún
lugar entre el tímpano y la trompa de Eustaquio, y en ese reducto algunos
eran inexpugnables. Brahms se deshizo en halagos hacia Clara Schumann
tras la muerte de su marido, y entre ellos descollaba el de protección. Si a la
feraz aritmética de Brahms se sumaban protección y admiración, el resultado
era un martirio con más agujeros que el de san Sebastián. Una de las
cualidades de Clara que más le deslumbraba era su prodigioso oído interno,
según testimonió uno de los nueve hijos del matrimonio, Eugenia. Cierto día
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Preparado por Patricio Barros