Health Experts Magazine Septiembre 2026 | Page 70

El mobbing rara vez empieza con un enfrentamiento visible. Suele instalarse en gestos pequeños y repetidos: dejar a alguien fuera de una reunión, quitarle responsabilidades, dejar de saludarlo o exigirle más que al resto sin justificación aparente. Cuando esos actos se sostienen en el tiempo como parte de un patrón, se convierte en el principal riesgo psicosocial del entorno laboral.

Un proceso sistemático, no un conflicto puntual
La diferencia entre conflicto y acoso: el primero es parte natural de la interacción humana y puede resolverse mediante mediación; el segundo es un proceso deliberado de violencia dirigido a destruir a una persona o a un grupo, capaz de derivar en renuncias, ruptura de la vida personal e incluso ideaciones suicidas. La forma que adopta, señala la especialista, puede ser tan variada como la creatividad humana para hacer daño.
No solo de jefes hacia empleados
El fenómeno tampoco respeta jerarquías: puede darse entre compañeros del mismo nivel o incluso de subordinados hacia superiores, a través de estrategias como el“ efecto tortuga”, donde se ralentiza el trabajo a propósito para que el jefe sea señalado por falta de resultados.
Un costo que trasciende a la víctima
Las consecuencias incluyen distracciones, ansiedad, depresión, crisis de pánico y síntomas físicos como migrañas o problemas gastrointestinales. Pero el daño no se queda ahí: también golpea a las organizaciones, con pérdida de productividad, fuga de talento y afectaciones reputacionales. Frente a esto, se propone que las propias comunidades laborales definan qué conductas consideran inaceptables, para evitar que el acoso se minimice bajo el argumento de que no hubo intención de dañar.
70 septiembre 2026. HealthExperts