El sésamo o ajonjolí es una semilla milenaria muy valorada por su aporte nutricional. Destaca especialmente como fuente de calcio: contiene mucho más de este mineral que la leche de vaca en la misma cantidad. Sin embargo, también posee oxalatos, sustancias que dificultan la absorción de minerales, por lo que su biodisponibilidad de calcio es media-baja. Aun así, como el calcio supera ampliamente al oxalato presente, una parte importante queda disponible para el organismo. Conviene señalar que la mayor concentración de calcio y oxalatos se encuentra en la cáscara, por lo que el tipo de semilla( entera o descascarillada) influye en el resultado final.
Para aprovechar mejor sus nutrientes, es recomendable activar previamente las semillas y luego molerlas o triturarlas, ya sea con un molinillo específico, uno de café o una batidora pequeña, moliendo solo lo necesario para evitar que se enrancien.
Además del calcio, el sésamo aporta grasas saludables, principalmente insaturadas, entre ellas ácidos grasos esenciales omega 6 y, en menor medida, omega 3. También es una buena fuente de proteína vegetal, con un contenido cercano al 20 %, destacando por su aporte de metionina, un aminoácido que escasea en las legumbres. Por eso, combinar sésamo con legumbres y cereales integrales mejora la calidad proteica de la dieta.
Entre sus compuestos bioactivos se encuentran los fitoesteroles, que ayudan a reducir el colesterol; mucílagos, una fibra soluble que contribuye a regular la glucosa y los lípidos en sangre; y antioxidantes como la vitamina E, el magnesio, el zinc y lignanos propios como el sesamol y la sesamina, vinculados a efectos antienvejecimiento y anticancerígenos. También contiene lecitina, que facilita la digestión de las grasas y actúa como emulsionante natural en la cocina.
En resumen, el sésamo es un alimento versátil y nutritivo, ideal para dietas vegetarianas y veganas, siempre que se consuma molido y, preferiblemente, activado.
56 septiembre 2026. HealthExperts