Health Experts Magazine Marzo 2026 | Page 39

La Organización Mundial de la Salud reconoce la salud como un derecho humano fundamental.
Dignidad negada
La dignidad implica respeto, valoración y trato ético. Sin embargo, las mujeres con POP e IU suelen experimentar estigmatización, aislamiento social y una profunda afectación emocional. La vergüenza, moldeada por normas culturales y actitudes de género, inhibe la búsqueda de ayuda y perpetúa el sufrimiento. En contextos con recursos limitados, la falta de profesionales capacitados y los malos tratos institucionales refuerzan este círculo de exclusión. Así, la negación de la dignidad se convierte también en discriminación por motivos de salud.
Autonomía y ciclo de vida
El POP y la IU están estrechamente vinculados al parto, al trabajo físico intenso y al envejecimiento. La alta prevalencia global— hasta el 50 % de las mujeres a lo largo de su vida— exige un enfoque preventivo y continuo. Garantizar la autonomía implica acceso a información, toma de decisiones compartida y servicios de salud reproductiva y posreproductiva. La atención materna de calidad, la educación posparto y el reconocimiento del trabajo no remunerado son claves para proteger la salud del suelo pélvico.
Hacia la equidad sanitaria
La Organización Mundial de la Salud reconoce la salud como un derecho humano fundamental. Lograr equidad en POP e IU requiere sistemas sanitarios integrales, sensibles al género y culturalmente competentes. Campañas educativas, formación de personal sanitario y políticas públicas inclusivas pueden romper el estigma y promover la atención temprana. Reconocer estas condiciones como una cuestión de derechos humanos es el primer paso hacia una resolución justa y sostenible.