Health Experts Magazine Abril 2026 | Page 83

El sistema de seguros médicos privados enfrenta una crisis estructural que no distingue fronteras. En México las señales de tensión son igualmente reales y, en algunos aspectos, más agudas.

Un mercado pequeño bajo presión creciente
En México, el seguro médico privado sigue siendo un privilegio de pocos. Según datos de la Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros( AMIS), la penetración del seguro de gastos médicos mayores ronda apenas el 8 % de la población. Esto significa que la gran mayoría de los mexicanos depende del sistema público— IMSS, ISSSTE, IMSS-Bienestar— o paga de su bolsillo cuando necesita atención privada. Para quienes sí cuentan con seguro privado, las primas han crecido sostenidamente por encima de la inflación general. En 2025 y lo que va de 2026, los ajustes tarifarios en productos de gastos médicos mayores superaron el 15 % en varios casos, presionados por el incremento en costos hospitalarios, medicamentos y tecnología médica. El problema estructural es el mismo que en otros mercados: las aseguradoras no controlan lo que gastan los hospitales ni los precios de los insumos, pero sí deben responder ante el asegurado cuando llega la factura.
¿ Hacia dónde va el modelo?
En 2026 no se espera una transformación radical, pero sí movimientos concretos. Mientras el costo de la atención médica privada en México crezca más rápido que los salarios y la capacidad de pago de las empresas, el seguro médico seguirá siendo un beneficio frágil para quienes lo tienen y una aspiración lejana para quienes no. 2026 será, en el mejor de los casos, un año de ajustes. La reforma de fondo sigue pendiente.
Las mismas tácticas, los mismos roces
La respuesta del sector en México replica el patrón global. Requisitos de autorización previa más estrictos, redes de médicos y hospitales más acotadas, y mayores exigencias documentales para validar reclamaciones. Estas medidas contienen el gasto en el corto plazo, pero generan fricciones con pacientes, médicos y empresas que ofrecen el seguro como prestación laboral. Para las empresas medianas y pequeñas, el dilema es creciente: mantener el beneficio implica absorber incrementos anuales que ya compiten con otros rubros de nómina, o trasladar una parte mayor del costo al empleado, reduciendo el valor real de la prestación.
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