El segundo ejercicio es la relajación muscular consciente. Acostado en un lugar tranquilo, se tensa cada grupo muscular durante cinco segundos y se suelta lentamente durante quince o veinte. Puños, piernas, espalda, hombros, cuello, cara. Al terminar, se lleva la atención a la respiración abdominal durante cinco minutos, sin forzarla, solo observando cómo el aire entra y sale.
Lo que cambia con la práctica
Ninguna de estas técnicas elimina la ansiedad de golpe. Lo que hacen es interrumpir el piloto automático: ese modo en que la mente salta de un miedo al siguiente sin detenerse. Con práctica constante, los episodios pierden intensidad y duración.
La serenidad no es la ausencia de pensamientos. Es aprender a no obedecerlos todos.