Fundamentos de la Inv. Cualitativa | Page 259

LECTURAS COMPLEMENTARIAS El menor de la calle generalmente se levanta de su lugar de dormitorio -una acera en cualquier rincón de la ciudad- y orienta su recorrido por la necesidad inmediata de consumir sacol o algún alimento, se desplaza así hacia la Avenida Oriental, el Parque de Bolívar, Cambalache o a uno de los Patios –Don Bosco o Bosconia– a esperar el momento del ingreso para satisfacer alguna de sus necesidades. Allí puede ser niño, disfrutar de un buen baño, lavar su ropa, comer, jugar fútbol, nadar y compartir con otros menores que se constituyen en su familia ocasional. Cuando culminan las actividades del patio, el menor asume un rol de adulto, se viste de "hombre" para enfrentar de nuevo la calle. Se dirige a lugares como la Avenida Oriental, La Playa o la calle de los Teatros a "retacar", a la Veracruz a "soplar bolsillos", al Parque de Bolívar o a Junín a pedir "chute", o a Cambalache a conseguir "sacol, ruedas, basuco o perico". Estas actividades diurnas las realiza mimetizándose e interactuando con otros sujetos sociales que trabajan o deambulan por las calles. Cuando llega la noche emerge otra ciudad, la ciudad-calle, signada por el consumo de "drogas", pobreza y dominio de la "Ley del más fuerte". Estos menores se dirigen ahora hacia ese pedazo de lo público que les permite improvisar –en medio del "vuelo" que les produce el consumo de psicoactivos– una casa, una cancha, una fortaleza, o un refugio; con sus compañeros arma el parche y/o la camada y comparte afectos y agresiones; habita la calle y la defiende a "capa y espada"; enfrenta la oscuridad con todas sus dificultades: para algunos la noche es la cómplice perfecta para el raponeo, el consumo de psicoactivos, para ocultarse de los enemigos o p ara reconocer su cuerpo y el de algún compañero o compañera; para otros, la noche es la tortura, el peligro que acecha, el dolor, el temor, la violencia e incluso la muerte. La noche favorece también algunas vivencias de los menores durante la misma, la ciudad se amplía para ellos, hay menos obstáculos y menos usuarios, y eso les permite mayor "libertad" de desplazamiento y acción. Gran parte de la noche los muchachos deambulan por distintos sectores del centro, en procura de la alimentación y recreación que les ofrecen algunas instituciones como las que se ubican en Sucre entre La Playa y Maracaibo. Caminan sintiendo suyas esas calles, consumiendo psicoactivos, jugando, siendo ellos mismos. Los menores de la calle no tienen horas fijas para dormir y soñar, éstas dependen del cansancio, agotamiento físico, aburrido o peligroso que resulten las actividades que 259