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Juan Muñoz Martín
Fray Perico y su borrico
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La feria
Un día le mandaron al bueno de fray Perico a vender la miel a la feria de
Salamanca. Fray Perico llegó a la ciudad cargado con los tarros de la miel. En la
plaza, ¡qué jaleo de cestas, de gallinas, de patos, de quesos, de sandías, de
ristras de longanizas, de barriles de aceitunas, de señoras, de guardias, de
gitanos!...
-¡A la rica lechuga de la huerta del Cojo!
-¡Chorizos y pepinos de Vitigudino!
-¡Vendo patos, gordos y baratos!
-¡Ajos, ajos, ajos de Mimbres de Abajo!
-¡Higos, higos, higos de Ciudad Rodrigo!
-¡A la buena sartén! -chillaban los hojalateros dando sartenazos en el suelo.
-¡El paragüero!
-¡El sillero, vendo sillas!
-¡Vendo fuelles!
-¡Vendo peines y cepillos!
Fray Perico compró un paraguas para fray Olegario, un fuelle para fray
Sisebuto, un peine para las barbas de fray Ezequiel, una sartén para fray
Pirulero. No tenía brazos para llevar tantas cosas. Se sentó en el suelo y se puso
a vender la miel.
-¡Vendo miel! A real la onza. Cura el hígado, la sordera, el sarampión; quita
las arrugas y hace crecer el pelo.
A los cinco minutos ya no quedaba miel, y se puso a vender escapularios,
estampas y medallas a grito pelado:
-Vendo a San Cucufate, que cura la sordera. Hermanos, vendo a San Pascual
Bailón, que cura el sarampión.
Los chiquillos y las viejecitas le quitaban las estampas de las manos.
Cuando ya no le quedaba nada por vender, fray Perico guardó su dinero en
una bolsa y se fue a recorrer la plaza. Había un grupo de gente que miraban
como papanatas a un hombre barbudo de músculos de acero, grande como un
buey.
-¡Soy Sansón, el hombre barbudo!
El barbudo cogía una piedra enorme que tenía a sus pies y la levantaba en
vilo sobre sus hombros. Fray Perico estaba con la boca abierta. De pronto, el
hombre dejó la piedra, se le acercó y le dio un abrazo tan fuerte que casi le parte
por la mitad.
-¡Hola, fray Perico! ¿No me conoces?
-Sí, eres Sansón, el de la Historia Sagrada -repuso fray Perico tembloroso.
-No, hombre, soy Pascasio, el de tu pueblo. El hijo de la señora Niceta.
-¿Pero esas barbas tan largas?
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