COMO EN
UN ESPEJO
Sinopsis
Durante un hermoso verano, un escritor, siempre demasiado ocupado y de temperamento frío y distante, va a pasar unos días con sus hijos, un adolescente y una joven con problemas mentales, que
está casada con un médico que la cuida con gran ternura. Su estancia en la isla donde viven sus hijos
desencadena una crisis que los afecta a todos, pero especialmente a él, porque toma conciencia de su
incapacidad para darle a su familia lo que espera de él.
“Así fue como ocurrió: en 1960 iba a hacer una
película titulada Como en un espejo. Trataba de
cuatro personas en una isla. En la primera imagen surgen de un agitado mar crepuscular. Yo
quería, sin haber estado allí, que se rodase en las
islas Orcadas. El productor, desesperado ante
los gastos que se le avecinaban, puso un helicóptero a mi disposición para que inspeccionase
rápidamente la costa sueca. Vi la costa y volví
aún más decidido a rodar en las islas Oreadas.
Una administración al borde de la desesperación
mencionó Fårö. Fårö era una isla muy parecida
a las Orcadas. Pero más ba ata. Más práctica.
r
Más accesible.
Para terminar de una vez con las discusiones nos
fuimos un tormentoso día de abril a Gotland para
ver rápidamente Fårö y decidirnos definitivamente por las islas Orcadas. Un taxi desvencijado
nos esperaba en Visby y nos llevó por entre lluvia y viento al muelle del transbordador. Tras una
travesía movida llegamos a Fårö. Recorrimos la
isla, envueltos en chirridos, por carreteras estrechas y resbaladizas que bordea an la costa.
b
En el guión había un buque naufragado encallado en tierra. Doblamos las rocas de un promontorio y allí estaba el buque, un cúter ruso para
la pesca de salmón, exactamente como lo había
descrito. La vieja casa tenía que estar en un pe-
queño jardín de manzanos viejos. Encontramos
el jardín, la casa podíamos construirla. Tenía que
haber una playa pedregosa, y encontramos una
playa pedregosa vuelta hacia la eternidad.
El taxi nos llevó finalmente a las «raukas», las
singulares formaciones rocosas del norte de la
isla. Allí estuvimos in linados contra la tempesc
tad, con los ojos clavados hasta las lágrimas en
esos misteriosos ídolos que levantaban sus pesadas frentes hacia las olas y el horizonte que iba
oscureciéndose.
En realidad no sé qué pasó. Si uno quisiera ponerse solemne se podría decir que había encontrado mi paisaje, mi verdadera casa. Si se quiere
ser divertido se puede hablar de flechazo.
Le dije a SvenNykvist que quería vivir en la isla
el resto de mi vida, que quería edificar una casa
exactamente donde estaba el decorado de la película. Sven me propuso que mirase unos kilómetros al sur. Allí está la casa hoy. Se construyó
entre 1966 y 1967.
Ingmar Bergman,
Linterna mágica, Tusquets editores, 1988