Folleto Kinetoscopio cineclub | Page 10

Un episodio insignificante me había causa- EL MANANTIAL DE LA DONCELLA Sinopsis Como cada verano, una doncella debe hacer la ofrenda de las velas en el altar de la Virgen. El rey Töre envía a Karin acompañada de Ingrid, una muchacha acogida en casa de Töre que odia a Karin secretamente. Antes de cruzar el bosque, Ingrid se detiene y deja a Karin sola. Karin prosigue su camino encontrándose a unos pastores, aparentemente afables, que la invitan a compartir su comida. Confiada, se sienta con ellos pero en el transcurso de la comida la atacan salvajemente, violándola y asesiándola. Ingrid presencia la escena desde su escondite, Töre al enterarse de lo sucedido se venga matando a los pastoresy al levantar el cuerpo de su hija del lugar donde yace muerta brota un manantial de agua pura. do cierta impresión. Una viuda de edad madura que se llamaba Alla Petréus, de origen sueco-finlandés, era amiga de mi familia y participaba activamente en el trabajo de la iglesia. Debido a una epidemia ocasional que se abatió sobre la rectoría fui a pasar unas semanas a casa de tía Alla. Vivía en un piso enorme en la Strandvägen con vistas a la isla de Skeppsholmen y a una multitud de barcos de transporte de leña. El ruido de la calle no llegaba a las silenciosas y soleadas habitaciones, que estaban profusamente decoradas en un derroche de art nouveuu, muy estimulante para la fantasía. No se puede decir que Alla Petréus fuera hermosa. Llevaba unas gafas muy gruesas y su andar era hombruno. Cuando se reía, y lo hacía con frecuencia, le salía saliva por las comisuras de la boca. Se vestía con elegancia y llevaba grandes sombreros que tenía que quitarse en el cine. Tenía la piel fina, cálidos ojos castaños y manos suaves, varios lunares de formas y tamaños diferentes en el cuello y, además, olía muy bien a un perfume exótico. La voz era grave, casi varonil. Yo estaba encantado de vivir en su casa y, por si fuera poco, el camino del colegio se reducía a la mitad. La doncella y la cocinera sólo hablaban finlandés, pero me mimaban mucho y me pellizcaban en los carrillos y en el culo. Una noche iba a bañarme. La doncella llenó la bañera y echó en el agua algo que olía bien. Me metí en el agua caliente y me quedé adormecido de placer. Alla Petréus llamó a la puerta y preguntó si me había dormido. Al no recibir respuesta, entró. Llevaba un albornoz verde del que