Filosofía - Mito de la caverna - Page 4

 El alma racional, su cometido es dirigir con sabiduría la vida del hombre y su destino último es la contemplación de las Ideas. Su sede está en la cabeza. El alma irascible: a ella pertenecen los afectos nobles como la ira, la ambición, el valor, el coraje. Es aliada natural de la razón. Está situada en el pecho, en el corazón. El alma concupiscible: en esta reside el instinto de conservación, es la tendencia al placer sensible. Tiene su sede en el vientre.   ETÍCA La ética platónica parte del análisis del alma humana. A cada una de sus partes le corresponde una virtud propia.  Al alma concupiscible le corresponde la moderación inteligente (templanza).  Al alma irascible, sede de la nobleza de carácter, le corresponde la capacidad de sacrificio, la fortaleza. Permite que el hombre sea capaz de sobreponerse a las adversidades. Al alma racional le corresponde la prudencia o sabiduría, tiene como misión regular el conjunto de las acciones humanas ejerciendo una función directiva superior. Hay una cuarta virtud, la más importante, que deriva de la suma integrada de las tres anteriores y expresa la armonía perfecta del alma: la justicia. Existe justicia cuando cada parte desempeña la función que le es propia. Una persona será justa cuando exista un equilibrio armónico entre las tres partes de su alma, es decir, cuando el alma racional dirija, cuando el alma irascible sea el fiel ejecutor de lo decidido por el alma racional y cuando el alma concupiscible sea templada y controle las tendencias al desorden del deseo.   PÓLÍTÍCA En el diálogo la República Platón nos expone su ideal de Estado, mostrando la estrecha relación de su política con la ética y con la antropología. Dependiendo qué clase de alma sea la predominante, habrá en el Estado tres clases sociales:  Los filósofos o los gobernantes: los filósofos será aquellos en los que predomina el alma racional, lo cual implica, naturalmente que son más justos, sabios y prudentes, por ello serán los destinados a gobernar. Su misión es legislar y velar por el cumplimiento de las leyes, organizar la educación y administrar la ciudad. Saben amar la ciudad más que los demás, cumpliendo con el celo necesario sus obligaciones y, sobre todo, conociendo y contemplando el Bien. Su principal virtud es la templanza.