Filosofía - Mito de la caverna - Page 4

y son un mero producto del arbitrio y el capricho de los hombres. Es el denominado convencionalismo de los sofistas. Desde algunas posiciones a veces se invoca la naturaleza para cuestionar el mundo de la cultura y sus convenciones arbitrarias. Según la idea que se tenga de ella, algunos como Calicles, preconizan la ley del más fuerte, pensando que es la norma que rige en la naturaleza, mientras que otros, al contrario, como Hipias de Élide, sostienen la existencia de unas leyes no escritas basadas en la igualdad natural, para criticar las diferencias y desigualdades introducidas por la tiranía de las leyes convencionales. En cualquier caso, el convencionalismo trae consigo una deslegitimación de las leyes de la polis y de los valores sociales, y significa una pérdida del compromiso que vinculaba al individuo con su ciudad. Este es el momento crítico al que intenta responder el pensamiento filosófico de Platón, por lo que hay que comprender su filosofía como una respuesta al reto planteado por el escepticismo y el convencionalismo de los sofistas. El primer maestro de Platón fue Crátilo, un discípulo poco brillante de Heráclito. Se puede decir que Platón toma de Heráclito la concepción del mundo sensible como un perpetuo fluir, si bien con la diferencia fundamental que para Platón se trata de un mundo que no es verdaderamente real. Sin duda, más influencia ejerce en su filosofía Parménides. Si exceptuamos el monismo y el materialismo parmenídeo, podemos decir que las Ideas platónicas poseen los mismos rasgos que el Ser de Parménides (eterno, imperecedero, inmóvil, indivisible). La epistemología platónica también tiene a Parménides como precedente al establecer que el acceso a la verdad es a través de la razón y no de los engañosos sentidos. El pitagorismo fue un referente permanente en su obra, por ejemplo, es aspectos como la importancia concedida a las matemáticas, la creencia en la inmortalidad del alma, la doctrina de la reencarnación, la concepción dualista del hombre y la consideración del cuerpo como un sepulcro. La concepción de la materia en Platón es básicamente la misma que la de los atomistas: se trata de algo caótico, informe, eternamente en movimiento. La influencia más profunda y determinante es la de Sócrates. Todo el pensamiento platónico está teñido de socratismo: el intelectualismo moral, la valoración de la razón frente al mundo cambiante de las opiniones, la concepción de la filosofía como permanente diálogo, la preocupación por la política y por la educación del ciudadano, del desinterés por los temas de la naturaleza… Si es inevitable hablar de Sócrates, no lo es menos referirnos a los sofistas, que testimonian mucho de lo que Platón más rechazaba. El enfoque divergente abarca prácticamente todos los ámbitos. Si Platón se mueve en unas coordenadas optimistas, absolutistas, racionalistas, aristócratas e innatistas; los sofistas, por el contrario, lo hacen en una línea escéptica, relativista, empirista, democrática y convencionalista. Si Platón y Sócrates defienden el diálogo como único método y sus enseñanzas son gratuitas, los sofistas recurren a largos discursos, al comentario de texto y cobran por su actividad docente.