fama | tapa
pero como es un animal que no está de moda, la gente se desprende. Yo lo voy a guardar para genética y para que Uruguay siga teniéndolo, porque es importante que la gente no se olvide de sus raíces.
¿ Por qué esa preocupación por las raíces de un país que no es tu país de origen?
Creo que lo mío es algo que pasa cuando uno tiene mi edad y sabe lo que es estar enamorado de algo. Quererlo profundamente no porque es lindo, agradable o tiene posibilidades sino porque lo querés con sus bondades y defectos. Eso es lo que me pasa con Uruguay. Lo amo por lo que es y como lo sigo amando, hasta que no se me caiga la venda de los ojos voy a seguir luchando por este país todo lo que pueda, porque el amor que tengo va más allá de lo que pueda pasar. Yo ya no pienso si soy uruguaya o no. Yo sé lo que tengo acá. Sé que soy quien soy gracias al Uruguay. Le debo mi vida y la de mi hijo a este país. Y sobre todo le debo la libertad que pude adquirir gracias a que me aceptaron.
¿ Libertad en qué sentido?
En todo sentido. Soy quien soy gracias a lo que me han dado. Me han dejado caminar sin demasiadas trabas. Aunque no siempre ha sido siempre fácil. En un principio fue muy complicado, porque no conocía los códigos. Me pusieron de rodillas y tuve que volver a levantarme. Pero hoy estoy ubicada. Sé exactamente dónde estoy. A los 55 años sabía cómo iba a terminar y qué quería hacer. Así que pensé:“ Si se me da, mejor; y si no, por lo menos traté”. La vida está hecha de sueños. El día que dejes de hacer eso, no vas a llegar a ningún lado. La cabeza siempre tiene que estar pensando en algo a lo que llegar. Solo hay que tratar de encontrar las herramientas y alguien que enseñe para llegar a la meta. El que no tenga eso adentro, y piense solamente en él, nunca va a llegar a buen puerto. En algún lado se la va a dar, porque hay límites para todos. Nacemos con límites de crecimiento, de vida y también impuestos por los demás. Lo importante es verlos e igualmente seguir soñando.
Respecto a los límites, solés decir que tus padres fueron muy estrictos. ¿ Eso influyó en tu manera de ver las cosas?
Lo único que critico de los límites de mis padres es que no daban respuestas a mis preguntas. Me decían“ no” porque no, y yo creo que cuando uno dice no, tiene que decirlo por una razón. Y la razón fundamental siempre tiene que ser el evitar causarte un daño a ti o a los que te rodean. Agradezco esa educación, que no fue la educación formal, sino de familia. Porque mi educación formal fue diferente. Siempre tenía en mi casa profesores para mí sola. Y estuve pupila para aprender idiomas y a vivir lejos de mi familia. Así me di cuenta de que cuando uno tiene un hijo, es tu hijo, parte de tu sangre y tu tierra, pero ante todo es un ser libre.
Tú no tienes derecho a agarrarlo como si fuera solo para ti. Es tu hijo, pero tiene que volar con sus propias alas. Tu obligación es enseñarle a volar alto. Pero ojo que no vaya demasiado arriba, porque a veces van demasiado rápido, olvidando muchas cosas importantes. Sobre todo el bienestar de los que lo rodean.
¿ Y cómo se inculca eso?
Teniendo claro que cada uno es un ser libre al que hay que darle la posibilidad de volar, de salir. Y cuando digo salir, es salir. No atarlo y lamentarme por cada paso que da. No decir, ay, pobre! por tal cosa. Si le pasa algo, si tiene un accidente, no voy al hospital diciendo pobrecito. Voy y trato de levantarlo. Y cuando se equivoca, por más enfermo que esté, hay que decir te equivocaste, nene, o nena. Porque si no lo hago yo primero, siempre va a haber otro que después se lo va a decir. Siempre hay alguien arriba y alguien abajo. No existe la igualdad en la naturaleza. No hay dos hojas iguales en la naturaleza. Y por eso no hay que hablar de igualdad entre las personas, sino de oportunidades iguales, que es muy diferente.
En ese sentido, ¿ cómo ves a los jóvenes de hoy?
Veo que hay un libertinaje total y absoluto. Hay gente con muchos complejos y a la vez con comodidades. Gente que se aprendió a apoltronar y se queja de lo inquejable. El solo hecho de leer, escribir, ver, pensar y moverte es un milagro. Pero eso nadie lo ve, nadie lo mira, y es lamentable. El ser humano es haragán, es un oso cómodo, y si no se lo agita no se mueve nunca. A nadie le gusta ir a la escuela, levantarse a las 6 de la mañana para trabajar, pero si todos nos ponemos de brazos cruzados … qué va a pasar con el resto? ¿ De qué me sirve que me traigan el desayuno a la cama?. ¿ Qué voy a hacer el día que no lo tenga? No voy a ni saber enchufar una caldera, no voy a saber nada. Voy a estar amputada antes de empezar a vivir, así que tengo que aprender todo desde abajo. Para muchos todo lo que pasa es normal, y no es normal. Lo normal es tener falencias, que nos falten cosas. Y es allí es cuando los padres tienen que obligarnos a buscarnos por adentro y encontrar el camino que hay que seguir. Darnos la oportunidad de tener respeto, saber que no se roba, que hay que trabajar para poder llegar y que una vez que se llega hay que saber mantener y repartir. Y repartir es una cosa, y otra es dar a mano abierta. Hay que ayudar a la gente que ha hecho un camino al lado tuyo trabajando y con ello ha ayudado, no a quienes hacen por hacer y por interés. Me interesa el bienestar de todos, porque un país no se hace con uno solo ni con un grupo: se hace entre todos con diferentes grupos, ideologías y maneras de pensar y ser.
34