Mientras escribo este poema
a la luz de las danzantes llamas
recuerdo a ese ente,
desde donde se lo observaba absolutamente todo.
Cada insignificante ser ví allí
y cada nueva vida suceder,
cada ser en su lecho de muerte perecer.
Nunca logré comprender cuando fue
que ese día cambió.
De mis miserias renací,
siempre conociendo
que en la frágil memoria de la gente,
no podría permanecer.
CARO